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miércoles, 24 de febrero de 2016

Síndrome del Cangrejo



Hay dos formas de andar: de frente y de espaldas. 


Dentro del desplazamiento físico, la totalidad de las personas transitan frontalmente. En cambio, en el desplazamiento vital y emocional, nos encontraremos a menudo con lo que podríamos denominar "Síndrome del Cangrejo”.


Los individuos que lo padecen son los que hacen suya la expresión "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". La forma que tienen de afrontar su futuro es mirar incesantemente al pasado, resultando su presente un ciclo nocivo, anclándose en la obsesión y la compulsión. 


La obsesión con volver a tener una oportunidad para redimirse, la compulsión de creer que el método a utilizar para conseguir sus metas debe ser el mismo que utilizaron anteriormente. 


O aún peor: no querrán luchar en una nueva batalla (ya que en todas las anteriores perecieron), y no iniciarán un nuevo ciclo nunca mas. Los antiguos fracasos retroalimentarán este sistema interno del “todo o nada” en algún momento del proceso, y acabarán errando de nuevo.


Y esto se debe a que no logran evitar apartar sus ojos de lo ya acontecido, de lo que irremediablemente fue y nunca podrá ser de otra forma. 


No son capaces de tatuarse en su mente nuevos dogmas, objetivos o normas de conducta que provoquen un punto de inflexión en sus vidas. Que los lleven a evolucionar, a un nuevo plano espiritual.


Uno de los mejores momentos que tienen para ello es cuando mas derrotados se sienten, cuando todo ha perdido su color natural y se ha transformado en una escala de grises total. Ese instante en el que se ven forzados a tomar una decisión, esa inyección repentina de stress que se produce al situarse al borde de un abismo.


Pueden ayudarse de la bioquímica de nuestro organismo para lograrlo. La liberación súbita de cortisol y adrenalina, los cuales se producen durante y después de una experiencia altamente emocional, hace que la información se fije en nuestro cerebro con mayor eficacia. 


Un ejemplo universal para ilustrar dicho efecto es el siguiente: si tratamos de recordar qué hacíamos o dónde nos encontrábamos el 11 de Septiembre del 2001 o el 11 de Marzo de 2004, es muy probable que sepamos responder con una precisión absoluta y con gran lujo de detalles. Pero si tratamos de evocarlo situándonos tres días antes, no tendremos más que una nube de incertidumbre.


Y si formuláramos las mismas preguntas en contextos temporales de carácter personal, fechas clave en nuestra historia individual, dispondríamos de la misma seguridad en nuestra respuesta. La narración sería vívida, lúcida y convincente.


Conociendo este hecho deducimos que el mejor momento para decidir romper ese círculo vicioso, cuando mas valentía somos capaces de desarrollar de una manera natural para hacer frente a esa espiral autodestructiva... es cuando nos hayamos acorralados y en peligro. 


Se corre más rápido, se muerde con mayor presión, se golpea con más violencia. 


Si, en cambio, dejamos pasar el tiempo sin dilucidar el rumbo más adecuado para nuestro devenir, con mucha facilidad continuaremos con una inercia remota. Elegiremos de nuevo aquellas malas decisiones que fueron tomadas durante una etapa diferente, con otro contexto y otros intérpretes.


Y no hay juicio más injusto que aquel en el que se sentencia sin examinar la singularidad del suceso acaecido.


El problema está en que, cuando se nos presenta esta ocasión, solemos optar por la opción mas rápida y práctica. Y, normalmente, es aquella que más daño nos va a infligir. Nos suele dominar más la prisa que la coherencia o incluso el instinto.


No valoramos tanto como deberíamos esta forma de inteligencia abstracta. Somos tan inmensamente orgullosos y carentes de humildad que pensamos que nuestra parte consciente es la única que proporciona soluciones a todo… pero no es así. El consciente es una minoría frente al inconsciente, la punta del iceberg.


De ahí que con la ayuda de la razón consciente podemos plantear múltiples alternativas, un análisis detallado de aquello que podría suceder tras una decisión determinada. El resultado será una respuesta “lógica” en concreto por puro valor estadístico.


Pero no somos máquinas, somos seres con alma, que tienen la capacidad de reír y llorar. Y esa parte emocional, mucho más visceral y profunda, escondida dentro de un baúl sin llave, sólo se abre paso de forma repentina. Son fogonazos que simplemente se sienten, sirviendo de brújula para el espíritu con una mayor efectividad que la analítica exagerada.


Luego… si tu instinto sugiere llevarte hacia un lugar definido, ten en cuenta su mensaje tanto o más que a los de tu intelecto. 


Porque la probabilidad es una ciencia inexacta siempre que hay un humano de por medio… o dos…


Abraza el futuro, ya que lo que quedó detrás de ti ya no vale nada.



NO ANDES DE ESPALDAS.




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sábado, 13 de febrero de 2016

Sucedáneos Vitales (Introducción y Capítulo 1)


------------- INTRODUCCIÓN -------------


Odio los Sucedáneos Vitales, los sustitutos. Todo aquello que parece ser… pero no es.


Y los odio aunque, en alguna ocasión, me vea inevitablemente abocado a consumir alguno de ellos frente a la opción genuina, única o más valiosa. Y digo consumir, no elegir. Porque nunca optaré voluntariamente por lo mediocre frente a lo excepcional, tendré que ser sometido para ello. Me defenderé de la agresión, aunque no soy todopoderoso. Todos tenemos, por desgracia, algún límite o debilidad. Empezando por mí mismo.


Uno de dichos límites puede ser el poco control que tenemos sobre nuestras decisiones, al ser nuestro consciente absurdamente inepto frente al inconsciente, que se preocupa con compulsividad de guardar sin prejuicios toda la información que recibimos. Somos capaces de verlo todo y no percibir más que su superficie, dejándonos engañar por la tendencia caprichosa y partidista del ego.


Hay que hacer un gran esfuerzo para mejorar este aspecto de nosotros mismos, ya que hay que abrir ampliamente nuestros sentidos, usar la lógica en vez del deseo irracional. Usando la primera como herramienta, no nos dejaremos llevar por lo irreal e imaginario, sino por lo real y concreto… elegiremos todo aquello que nos arregle la vida y la de otros, que nos haga crecer de verdad. 


Podéis pensar que la inmensa mayoría de lo que percibimos y hacemos tiene el sello de la genialidad, pero no… es más bien al contrario. Estamos invadidos por estímulos y actos firmados por la mediocridad, esa infección del alma cuyos síntomas son muy evidentes para los demás, pero no tanto para uno mismo. 


Puede darse el caso de que alguien, sin que sea por propia voluntad, no logre ver ese disfraz que, como en el Cuento del Traje Nuevo del Emperador, está hecho de aire y mentira. Ese maquillaje maquiavélico que teje la sugestión mental. Por esta razón procederé a desglosar aquellos que lograron captar mis sentidos y fueron mostrados ante mi con su auténtica apariencia.


Con cada uno, tendrás la opción de seguir a la lógica o a la irracionalidad, a buscar la excelencia o agarrarte a la mediocridad, a sustituir una vida vacía de sentido por una llena de significado. 


Tus actos hablarán por ti (como los míos hablarán por mí).


------------- CAPÍTULO 1 -------------


“Porque un sucedáneo es…”


“… como creer que leer la sinopsis es conocer toda la historia”.


Porque conocer el itinerario de un viaje no significa andar el camino. Una presentación escueta no te enriquecerá, ya que descubrirás las consecuencias más relevantes pero ninguna nueva enseñanza detrás.


No conocerás sus causas, ya que para ello necesitas disponer de información sobre ellas, cuanta más mejor. Una aventura es una secuencia de pequeños pasos, cada uno dado dentro de un contexto exclusivo. Seguir la senda es lo que te aporta algún beneficio real, lo que hará que logres obtener alguna emoción o lección moral al llegar al final de la experiencia. El desenlace de algo siempre debe ser simplificado al ser vivido, nunca al ser imaginado.


Y todo por querer correr en vez de andar.


“ … como utilizar a quien se te mantiene leal”.


Porque es más difícil recompensar a quienes nos aman incondicionalmente que sólo aceptar su ayuda. Resulta tremendamente sencillo obviar que dicho esfuerzo merece ser recompensado, aunque te estén dando su vida sin pedir nada a cambio.


Ellos siempre te ofrecerán nuevas perspectivas cuando las necesites, te animarán a superarte y a evitar riesgos innecesarios, se preocuparán de no faltarte al respeto y nunca te mentirán. Los que te admiran anteponen sus necesidades frente a las tuyas, una y otra vez, porque necesitan hacerte feliz de verdad cuando saben que tu sonrisa es fingida.


Y todo por no aceptar la reciprocidad y la igualdad como los derechos del otro, como una responsabilidad para con los demás.


“… como protestar airadamente el día que arde Europa, pero obviar en cualquier otro momento las cenizas del Tercer Mundo”.


Porque reconocemos abiertamente la tragedia con mayor facilidad cuando salpica al Sistema al que nosotros pertenecemos, aunque haya desastres mayores cada día en términos de víctimas o de crueldad aplicada realizados en nombre de nuestra propia comunidad. Aquellos que poseen el poder (entre los que tú no te encuentras) fueron lo suficientemente hábiles para hacerte creer que tu tren de vida es el mismo que el de ellos. Crees de verdad que formas parte de su Club.


Mientras roban a los más desfavorecidos, te hacen cómplice tras presentarte una opinión manipulada sobre lo que están haciendo allí. Ponen la etiqueta de “enemigo” en alguien abstracto y extraño, un arquetipo con una cantidad enorme de tópicos, deshumanizando culturas enteras de millones de individuos diferentes. Si caes en su trampa y sólo crees lo que ellos te plantean, les das el beneplácito para continuar los abusos, ya que esperan a que suceda algo cercano para justificar todo aquello que estuvieron haciendo en la sombra y tener carta blanca de ahí en adelante.


Te mantienen asustado, empequeñeciendo tu burbuja de seguridad, induciéndote a pensar que el mundo es un lugar peligroso y no hay nada más importante que tu hogar. Pero el hogar está allí donde encuentres un generoso corazón afligido, y si exploras otras culturas te darás cuenta de que los oprimidos somos la inmensa mayoría. 


Que todos vivimos sometidos por unos pocos sociópatas que nos gobiernan en cualquier país que elijas analizar. Que hay que empatizar con el sufrimiento en sí mismo en vez del que sólo encaje con nosotros o con la moda mojigata de turno.


Y todo por no querer quitarte la venda de los ojos para ver que eres un esclavo más.


“… como usar cubiertos de plástico en vez de metal”.


Porque resulta más cómodo tirarlos a la basura que fregarlos. Con los de plastico, gastas uno hasta que se rompe (más pronto que tarde), desperdiciando nuestro dinero mientras dejamos una huella ecológica inexistente en el otro caso. Usamos una cantidad numérica absurda a largo plazo de ellos, que se limita a “uno de cada tipo” cuando optas por el metal. 


Y todo por no gastar unos minutos lidiando con el agua, el jabón y la suciedad.


“… como ser buena persona sólo en Navidad”.


Porque una semana de buenas caras no borra los pecados de las cincuenta y una restantes. No sólo carece de sentido práctico, ya que si eres un hijo de puta total no consigue eliminar el recuerdo del daño que hayas provocado, sino que resulta hipócrita hacia cualquiera que sufra el resto del año por cualquier motivo que ahora defiendas y del que te olvides a la hora de la verdad. 


Quienes te rodean y se ven afectados por tus acciones necesitan sentir que una familia es real cuando cada día hay afecto y preocupación, ninguno te aceptará en el futuro aunque ahora te sigan el rollo, acabarás repudiado y solo. 


Y todo por evitar convertir la bondad en una forma de vida.


“… como dedicarle más tiempo a un grupo tributo de versiones que a crear tu propia música original”.


Porque es más cómodo representar obras de artistas contrastados y aprovecharse de su fama para conseguir aplausos fáciles, que desnudarte sobre el escenario representando algo personal, arriesgándote a que la mitad del público no te comprenda.


Te ahorras una labor titánica que dichos artistas sí tuvieron que hacer realidad con mucho esfuerzo, buscar dentro de ti un sonido que demuestre una visión sonora que nadie más tiene. Romperte la cabeza huyendo de lo habitual al mezclar conceptos que nadie más se atrevió a fusionar, combatir la incredulidad inicial del espectador y defender a tus temas propios como si fueran hijos reales.


Crear tu propia música te hace profundizar en tus decisiones, saca de dentro quien eres y qué has venido a aportar al mundo. Es tan laborioso como doloroso, un ciclo constante de ensayo/error/corrección/ensayo con tu interior como decorado. Una épica peripecia con un significado consecuente a nuestro reflejo. Si no vives la tuya, encarnar la de otros será una tarea vacua con sabor a plástico y carente de naturalidad.


Y si eliges copiar descaradamente la metodología y temática de uno o dos grupos para fabricar un producto sin alma bajo tu propia firma, en mi humilde opinión: no dejarás de ser un grupo de versiones. Si te etiquetan siempre como “los Coldplay españoles”, o dicen de vosotros que “sonáis a System of a Down con una voz a lo Linkin Park”, o te encasillan fácilmente dentro de un sólo género del tipo “pop alternativo”… acepta que eliges la máscara de otra voz antes que enviar al mundo un mensaje exclusivo lleno de tu significado. Tu rostro musical no te pertenece.


Y todo por preferir ser un intérprete vacío de lo auténtico frente a un músico repleto de pureza.


“… como someterte a quien le importas una mierda”.


Porque es más fácil seguir ordenes y dejarse vapulear por el matón que plantarle cara. Quienes abusan de ti usan un patrón reconocible, tratan de conquistarte inicialmente y, al comenzar a ver confianza por la otra parte, comienzan a introducir situaciones basadas en el dominio para marcarte como una posesión suya, luchando contra tu propia identidad por medio de la suya. 


Tus opiniones serán anuladas, se burlarán de tus sueños, menospreciarán tus capacidades. Y evitarás el conflicto una y otra vez, porque piensas erróneamente que hacerlo te convierte en una mala persona. 


Y todo por no aceptar la autodefensa y el autorespeto como tus derechos, como una responsabilidad para contigo mismo.


“… como mentirle a alguien antes que decirle la verdad”.


Porque ser sincero te hace vulnerable, expone las cosas tal y como son. Admirar algo secretamente o avergonzarte de tus actos puede resultarte desagradable, y ser honesto será un reto que te obliga a superar tus miedos, admitir tus errores y dar lo máximo de ti. Si decides no aceptar dicho desafío, optarás por la mentira.


Pero cuando tratas de engañar a alguien comienzas por ti, ya que asumes tu incapacidad para aceptarte por lo que eres, pasando a vivir un yo ficticio ante los demás. Aunque la mentira cuele, te has fallado a ti mismo. Y si no cuela, te confirmarás ante todos como un fraude. 


En cambio, si te aferras a la verdad como un dogma, puedes transformar lo que te rodea. Lo que deseas, estará más cerca de ser conseguido al ser exteriorizado. Lo que te daña, puede ser detenido al ser respondido. Lo que se desconoce, puede ser conocido al ser explicado. Lo que erramos, puede ser corregido al ser aceptado. 


La verdad es lo único que se puede disfrutar plenamente, la mentira sólo finge llenar un vacío que nunca se puede colmar.


Y todo por no mostrarte transparente y responsable ni ante los demás ni ante ti. 


“… como usar de brújula el miedo en vez de la pasión”.


Porque siempre hemos de elegir quién de los dos será el guía de nuestra travesía, y realizar un análisis concienzudo de nuestro deseo puede resultar engorroso y complejo frente a la inmediatez del temor y su paralizador veneno. Es un enfrentamiento donde sólo puede quedar uno y el resultado del combate trazará drásticamente el destino.


Todo aquello que amamos nos provoca pánico y lleva asociado un cierto grado de incomodidad, ya que la incertidumbre de lo desconocido hace temblar los cimientos de cualquiera. Puedes interpretar que dicho seísmo es una señal de peligro, pero las alarmas sólo sirven como recordatorio, en ocasiones será un “huye de aquí” y en otras un “esta vez quédate”. Es de vital importancia que investigues de que tipo de las dos es la que está zumbando en ese mismo instante.


Tu zona de confort sirve de anestésico momentáneo pero no te presenta ninguna novedad, te coacciona para persistir en lo ya disfrutado. Todo lo que contiene lo has contemplado ya, todo lo que te ofrece es más de lo mismo: La repetición de una repetición. 


En cambio, salirte de ella te fuerza a mantener tu mente despierta y activa, mientras exploras la diferente esencia de cada nueva experiencia. En el riesgo está la riqueza, y no hay mayor tesoro que seguir aquello que te hace acelerar el pulso, que te recuerda que estás vivo.


Usar el corazón ofrece mayores recompensas a cambio de sacrificio, atenazarse ante el miedo sólo asegura una derrota aséptica asegurada.



Y todo por no atreverte a saltar al vacío para descubrir si eres capaz de volar.




------------- CONTINUARÁ -------------


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jueves, 22 de octubre de 2015

La Soberbia Conduce al Cementerio


Los caminos de la Verdad son inescrutables para un solo individuo. Pretender conocer sin ayuda ni influencias toda su extensión, cada detalle de su textura, incluso predecir sus diversas ramificaciones, es un ejercicio de explícita locura.


La Realidad es un concepto global y multiperpectival, una suma de mini-realidades que conforman un Todo. Cada visión particular encaja formando un puzzle, el cual nadie llega a vislumbrar en su totalidad, simplemente porque no tenemos la capacidad de procesar tanta información. Ninguno de nosotros, por muy inteligente que sea, puede hacerlo. Afirmar lo contrario es poseer una prepotencia infinita.


De hecho, nuestro propio subconsciente se encarga de filtrarla para evitar saturarnos de datos, discrimina rápidamente lo que percibiremos racionalmente para que no perdamos la cordura. Somos menos potentes racionalmente de lo que nos suponemos. Nos consideramos unos Apple 6 cuando somos más bien unos Alcatel One Touch Easy.


Debemos cuidar de la parcela que nos fue encomendada como parte del Universo Colectivo, aunque la responsabilidad total siempre recaiga en todos sus miembros. No podemos conocer la Verdad individualmente, pero sí responsabilizarnos de nuestros propios actos, pedir disculpas a quien dañemos, no culparnos por lo que escapó de nuestro control y reafirmar lo aprendido en nuevas experiencias. 


Y se que las piezas encajan, porque las he visto unirse y formar algo con sentido. Y se que el puzzle es inestable, porque le he visto caer una y otra vez.


Cuando alguien no cuida de su propia pieza, el resto pierde la definición de su contorno y los matices de su superficie, y ya no encajan las unas con las otras. Si alguien no cuida de su pieza, estamos abocados al fracaso.


Siempre es mas fácil destruir que crear, el esfuerzo de dar vida a algo con sentido va mas allá de prender fuego al bosque. Para crear necesitamos sangre, dolor, lágrimas y valentía, para destruir sólo necesitamos una cerilla y odio acumulado.


No empatizar con el resto, ni asumir nuestras propias responsabilidades, se traduce en un camino sin rumbo. Iremos desdibujándonos hasta que nuestra entidad sea simple niebla, hasta que en algún momento nos desvanezcamos.


La soberbia conduce al cementerio, porque sin un acercamiento a los demás, a sus sentimientos y mecánica individual, nunca conseguiremos ensamblar la Realidad. Y sin saber qué es real y qué no lo es, no seremos nunca capaces de distinguir la auténtica importancia de nada. 


Y sin eso, sólo nos queda esperar una losa sobre nosotros. Porque evolucionar como especie de una vez por todas, con esa adicción a la tragedia y al egoísmo que tanto nos domina, es francamente muy difícil.


Aun así, me niego a dejar de cuidar mi pieza. Es mi única obligación y sólo depende de mi. 


Te aconsejo que hagas lo mismo. Sea por ti o por los demás.




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jueves, 15 de octubre de 2015

Hermandad de Titanio



El concepto de amistad siempre me pareció algo demasiado ambiguo. Puede englobar a muchas personas en él, pero lo que significa en cada caso para cualquiera de nosotros puede flotar entre un ligero cariño reconfortante y algo mucho mas grande, mas complejo y menos abundante.


Para esto último, prefiero utilizar el concepto de Hermandad. Compartimos existencia con muchos amigos, pero con un número escaso de hermanos. Esa razón es la que hace tan relevante y valiosa esta relación interpersonal.


No se puede concebir la existencia sin ciertas personas concretas a nuestro lado, sería aceptarnos como incompletos, ya que viven dentro de nosotros donde quiera que vayamos. Identidades con características dispares, cuyos límites se desdibujan entre sí al haber a su vez múltiples uniones entre ellas.


Describir cada una de esas conexiones llevaría días, incluso meses. Un hermano es alguien que se ha ganado ese privilegio, es la recompensa máxima que podemos ofrecer a alguien. Detrás de esa Hermandad hay tantas vivencias que no hay forma humana de plasmarla totalmente en palabras o imágenes, hay tanto de ti mismo incluso que es imposible mantener una objetividad total.


Podemos (y debemos) ser nosotros en todo momento, porque ni siquiera podemos escondernos de ellos si lo deseamos, conocen absolutamente todo nuestro interior. 


Nuestras luces y sombras, la mecánica de nuestro comportamiento (su causalidad y su finalidad), todas nuestras batallas victoriosas y tragedias inesperadas... Hasta lo que uno no alcanza a ver cuando se pierde dentro de su propia esencia.


Es algo recíproco, y que el tiempo moldea como inquebrantable. Aunque conscientemente intentáramos alejarnos, romper ese vínculo no es una opción. Hay cosas eternas aunque tuvieran un principio definido.


Y resulta curioso, pero si viajamos al pasado y evocamos cuando se entró en contacto por primera vez, cuando ambas líneas vitales colisionaron, la sensación que a uno le embarga no es merecedora de la grandeza del hermano. Porque en aquel entonces no conocíamos la huella que dejaría sobre nosotros, que perfilaría nuestro sino, que nos cambiaría y nos haría crecer.


Por eso es preferible quedarse en el presente y regalar lo que se siente ahora, que es mas digno de ellos. Es ahora cuando merece la pena dejarlo claro.


Porque no deberíamos pasar ni un solo día sin decirles lo especiales que son.


Os quiero, mis hermanos.




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Aunque esto es un homenaje a la Hermandad en sí misma, quiero dedicárselo especialmente a mi hermana Inma, que hoy es su 33 cumpleaños y me pidió un texto como regalo.


Tengo la suerte de tener varios hermanos, podría considerarnos una familia numerosa. Con algunos tiendo a enfadarme de vez en cuando, ya que no puedo evitar comportarme como “el mayor”, pero con otros nunca ha habido problemas, como con Inma.


Doy por supuesto que ninguno de vosotros la conocéis, así que os hablaré de ella y nuestra historia como hermanos.


La conozco desde hace una década, cuando nos presentó virtualmente un hermano en común que, para ambos, acabó siendo algo así como Caín. La vida es así de sarcástica, lo único bueno que rescatamos de nuestra relación con él es el habernos conocido nosotros. A veces hay que pasar por el infierno para ganarse un asiento en el cielo.


Aunque siempre hemos conectado de una forma natural, ha sido el paso del tiempo quien ha templado el titanio que nos une. Miles de conversaciones sobre nuestro devenir, sobre lo difícil que es ser uno mismo en este mundo despiadado con quien no sigue sus normas.


Si tuviera que usar dos palabras para definirla serían “loca” y “rebelde”. Ambos adjetivos pueden resultar ofensivos a cualquiera, pero no a ella, ni tampoco a mi. La locura es simple estadística y la rebeldía es exigir vivir tu propia vida.


No es extraño que hablemos y me cuente alguna peripecia que sólo se le puede ocurrir a ella. Como el otro día, cuando se encontró un árbol de 3 metros tirado en el medio de una cancha de baloncesto. Le dio pena, lo metió como pudo en su coche (lo que hubiera dado por ver la escena) y se lo llevó a casa. Ahora el árbol “huerfanito” tiene un nuevo hogar y un nuevo aspecto, ya que ha llenado sus ramas de luces.


Y es que, allá donde va, la gente no llega a comprenderla del todo. Su físico tampoco ayuda, es una rubia bastante atractiva con unos gustos muy alejados de lo que suele representar dicho estereotipo, y en una sociedad como la nuestra, la presión por hacer encajar en lo que “ella debería ser” exacerba su rebeldía. No podrás domarla, acabarás muy mal si lo intentas.


Adora las motos, las calaveras, las artes marciales y el cine, especialmente el de Quentin Tarantino y Tim Burton. Tiene predilección por el arte, en especial por el dibujo y la pintura. Es capaz de hacer unos retratos alucinantes, aunque suele pensar que no tiene excesivo talento. Lo bueno es que respira el dibujo de tal forma que llegará a donde se proponga, sólo es cuestión de tiempo y confianza.


Es una mujer fuerte, independiente y valiente. Tanto que es la única persona que no tiene miedo a decirme lo relevante que soy para ella. Deseo que todo aquello que ansía le sea concedido por el Cosmos.



Feliz cumpleaños Inma. Te quiero, hermanita.


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