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domingo, 24 de abril de 2016

Esmeralda (Círculo Perfecto)



Usaré mis alas de nuevo, aquellas que mutilé para no intentar tocar el cielo de nuevo. Porque la caída puede fracturarme por completo, pero la plenitud de un solo segundo de máxima calidez siempre compensa que todos mis huesos se pulvericen.




Escarbaré entre la basura donde lancé mi corazón, aquel que arranqué de mi pecho para no volver a sentir nada. Sin él no podría inundarme de todo lo bueno que tu existencia puede aportarme.




Afilaré mis uñas, aquellas que limé para no volver a dañar a ningún ser viviente, ya que puedo necesitarlas para defenderte de cualquiera que quiera lastimarte... Verte sufrir no es una opción.




Fabricaré una nueva llave para la coraza que me envuelve, para que puedas ver mi interior con todos sus matices, luces y sombras. No quiero esconderme, ni siquiera cuando menosprecie alguna de mis facetas, quiero que mi interior sea en todo momento accesible para ti.




Tatuaré sobre la máxima que marqué con hierro y fuego sobre mi piel, aquella que reza "no confíes tu vida a nadie". De esta forma podré saltar hacia tu vacío sin miedo.




Adaptaré mi visión, aquella que perdió la capacidad cromática para ver en escala de grises el mundo cruel e inerte en el que vivimos. Sin ella, no conseguiría perderme entre este firmamento esmeralda.


El círculo perfecto que ansío.




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viernes, 25 de marzo de 2016

Disparando Indiscriminadamente


Odio a los mentirosos
, porque creen que diciendo lo que no es todo mutará hacia su perspectiva manipulada. Colocan trabas a la objetividad sirviéndose de la falacia, y a menudo lo consiguen, ya que sólo hace falta sembrar una duda para que crezca un árbol lleno de desconfianza. 



Si se planta más de una, la realidad precipita con certeza en la entropía.


Odio a los hipócritas, porque exigen a los demás que den lo máximo de sí mismos pero son laxos con su propia ética. Se aprovechan de las situaciones a posteriori, eligiendo sus juicios de valor dependiendo de en qué lado de la línea estén. 


Si la cruzaron, se defenderán. Si la cruzaste, te crucificarán.


Odio a los fotófagos, porque engullen la luz de los demás sin importarles un ápice el sino de quien parasitan. Nadie es omnipotente, todos necesitamos alimentarnos de cariño y atención, pero si no hay retroalimentación acaba resultando un simple saqueo, un acto de pillaje. 

Una violación a la vitalidad.


Odio a los egoístas, porque nunca quieren pararse a pensar que el mundo no gira alrededor de ellos. Guardan celosamente todo aquello que podrían entregar al resto pero que prefieren conservar para sí mismos, sumergiéndose en un autismo narcisista voluntario. 

No saben cómo liberar el ombligo.


Odio a los cobardes, porque se aferran a la zona de confort para nunca ir más allá. Se resignan ante el fracaso, asumiendo que "los valientes" pelean al no experimentar miedo, engañándose para no aceptar que todos poseemos rincones sombríos en nuestras almas. 


Ser audaz es lidiar con tu propia oscuridad.


Odio a los amantes silenciosos, porque sus vidas serían diferentes si desarmaran de una vez sus temores. Es mejor estar solo que mal acompañado, pero también es mejor estar bien acompañado que solo. Y la vida es tan corta como una exhalación, no espera por nadie. 

Ya no está de moda el sacrificio sentimental.




Odio el amor, porque todas te aprecian pero ninguna te entrega su corazón, aún palpitando entre sus manos, aunque a ti sí que te lo exijan. Siempre acaba sabiéndome agridulce al ser mas cómodo recibir que dar, al hundir una señal de "Entrada Prohibida" que sólo inhabilita su trayectoria hacia mí. 


Soy fácil de querer y difícil de amar.


Os odio a todos, porque estáis inacabados y no os importa un bledo. Atesoraba un frasco repleto de fe en vosotros, ahora escondo vuestros cristales bajo mi alfombra mientras me pregunto "¿cómo puede evaporarse tan rápido la esperanza?". La única respuesta posible es:


"Sólo puedes odiar aquello que una vez amaste".


Y por eso también me odio a mi mismo, porque no importa cuanto me esfuerce, en algún momento erraré y pecaré como todos. La perfección es una utopía más, nunca estaré completo, nunca seré libre. Sólo hay una manera de contrarrestar esta revelación que clama mi autodestrucción. Un nuevo mantra para pelear al menos por nuestra salvación:


"Nunca me amaré tanto como yo te amo".




PD: También odio a Instagram, cuya política sexista va a permitir que yo pueda colgar esta foto sin ponerme ninguna pega mientras a cualquier mujer se la borraría instantáneamente.



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jueves, 18 de febrero de 2016

Cuento del Corazón de Reemplazo


Entre la niebla densa, que apenas dejaba divisar el trayecto de aquella tortuosa carretera, tumbada en el arcén y cubierta por la escarcha que dejaba el rocío en esa eterna noche de helada… se encontraba Ella.


Él transitaba por dicha travesía, en busca de un emplazamiento al que poder llamar hogar. Portaba una mochila gigantesca que contrastaba drásticamente con su estatura y peso, pero su actitud corporal no reflejaba el cansancio que sí evidenciaba su triste mirada. 


Nada más divisar la escena, dejó su equipaje sobre el pavimento y acudió raudo a investigar qué le había sucedido. Sus brazos presentaban hematomas manuales y abrasiones, y en el centro del pecho había un orificio del tamaño de un puño.


Sin mediar palabra alguna, ella se incorporó y le miró directamente a los ojos. De forma sutil, aproximó sus dedos tímidos y gráciles hacia su cutis. Al contactar, éste le narró su historia a través de sus yemas, como si el roce hubiera activado un torrente de recuerdos compartidos dentro de sus cabezas.


Su piel era un entramado de cicatrices, como si toda su existencia hubiera consistido en encontrar la orilla fuera del océano de alambre de espino en el que había naufragado tiempo atrás. Todas esas marcas formaban una antología del dolor, con tantos volúmenes como líneas contenía.


A pesar de la contrastable fragilidad natural de su epidermis, su dermis se componía de una peculiar mezcla orgánica de colágeno y kevlar. Su pellejo no podía ser atravesado por arma alguna, sólo erosionado. Ella mostró sorpresa en su cara, como quien descubre un truco de magia alucinante que te deja sin aliento. Pensó que, con aquella habilidad, no le hubieran horadado el torso.


Él, al percibir ese deseo en ella, le explicó que no nació así, que era una destreza adquirida. Simplemente un día decidió no acobardarse ante el miedo y combatirle cuerpo a cuerpo. Tras cada batalla, su cuero era recompensado con una mayor fortaleza por dicha gesta. Le declaró que, si él pudo aprender, ella también. 


A veces nos asustamos de lo que menos daño puede hacernos.


Al depositar las palmas sobre su tórax, percibió su esqueleto con la apariencia de una pequeña jaula de barrotes tan duros y flexibles como el titanio. Le relató que había sido creada por un par de maestros herreros que vivían en su interior: 


Uno era nihilista y autodestructivo, poseedor de una habilidad extraordinaria para elevar drásticamente la temperatura interna. Su único objetivo era tratar de descubrir el límite térmico de fusión de aquella estructura costal, utilizando su alma como combustible en una violenta explosión, sirviéndose del azar como acelerante y la vida de otro como detonador. 


Defendía que, en la muerte, recordamos los momentos más abrasadores y lamentamos aquellos en los que temimos quemarnos.


El otro era vitalista y creativo, vivía sumergido en el trance onírico que le inducía una potente droga, obtenida al destilar en el matraz del tiempo una disolución de bienestar y confianza. Lograba ver la singularidad de cada temple y aplicaba un método único cada vez, nunca repetía el mismo proceso. 


Argumentaba que, en la vida, no hay ningún suceso idéntico a otro y todo depende del contexto.


De pronto, ella se tambaleó. Él, con extremo cuidado, la sentó y procedió a observar dentro de su hendidura. No había hemorragias, pero allí faltaba su corazón. Su rictus estaba invadido por la aflicción y la desesperanza, y él… sólo pensó en una solución posible.


Hendió sus propias manos en su abdomen, sorteando la inmensa resistencia de la piel con relativa facilidad al identificarse como tejido propio, y siguió la única trayectoria posible evitando su metálico armazón costal. No gritó, aunque dejaba patente en sus gestos el tormento del procedimiento. Era su deber intentar su salvamento.


Cuando llegó a agarrar su víscera cardiaca, tiró de ella hacia afuera con contundencia. Se lo entregó, depositándolo entre sus pulmones a través de la abertura. Al instante, ella sintió una descarga de potencia sin límite. Percibía el entorno libre de condensación, su agudeza visual se había disparado a tal punto que la oscuridad nocturna había tornado en luminosidad diurna.


Se sentía viva de nuevo, colmada de energía que anhelaba utilizar. Una sonrisa repleta de honestidad saturaba su tez y sus movimientos comenzaron a exaltarse. Él se tendió en el suelo, extenuado ante su magno esfuerzo. A ella le pareció un misterio como conseguía sobrevivir, así que se acostó junto a él, acurrucándose mediante un abrazo, y le preguntó:


“- ¿Cómo es esto posible?”


Él le respondió, en un tono plenamente alegre:


“- Puedo vivir sin un corazón mientras esté cerca del que yo te he prestado. Ahí, latiendo dentro de ti, está confiada mi esperanza. Mientras no sufras de nuevo, ambos saldremos de ésta.”


En aquel instante, un automóvil se detuvo frente a los dos. Un rostro borroso asomó por la ventanilla y espetó: 


“- Eh, guapísima… ¿quieres pasar un buen rato?. Veo que tienes un corazón nuevo a estrenar… ”. 


Ella se levantó del asfalto, agachó la cabeza y se montó en el coche. Sin mirar atrás.



Y allí, entre la niebla densa, que apenas dejaba divisar el trayecto de aquella tortuosa carretera, tumbado en el arcén y siendo cubierto por la escarcha que dejaba el rocío en esa eterna noche de helada… le encontraron a Él.




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jueves, 5 de noviembre de 2015

El Botón Rojo


Una persona, en un día de confesiones misántropas y desalentadoras, me invitó a imaginar que existe un botón rojo con un inmenso poder tras de él. 


Éste, al ser pulsado, puede acabar con la vida de toda la Humanidad, uno por uno, incluidos nosotros mismos.


Ella afirmaba que, si estuviera en su mano, lo pulsaría sin duda alguna. Este mundo le parecía un cruel sinsentido, donde la principal constante desequilibradora del Ecosistema era el humano.


Y es cierto que somos una especie despiadada, que mastica sin compasión la vida de todo aquello que le rodea, capaz de prender fuego al bosque simplemente para montar un "buen espectáculo".


Yo, en cambio, elegí la opción de no pulsarlo. Argumenté que aún hay esperanza, que todo sigue siendo posible, que tenemos mucho margen de mejora. 


Que aún existe la luz en nosotros.


Aquel día no le dije que mi elección no tenía en cuenta a la Humanidad, únicamente un pensamiento me separaba de su elección.


 También veía la ausencia de empatía en nuestros corazones. 


Que nuestros motores son la destrucción, la obtención de poder sobre otros y la obsesión por la apariencia.


Que nuestras religiones son el dinero y la sangre, que deberíamos ser primates eusociales pero preferimos ser parásitos y caníbales.


Que elegimos sacrificar a nuestros mejores representantes, a los más inteligentes, piadosos y libertarios, dejándoles a la merced de los más egoístas, desalmados y tiranos.


Yo también lo pulsaría, repetidamente, hasta que no quedáramos ninguno.


Pero eso también acabaría con ella... 


... y eso es algo que no podría encajar, ni siquiera más allá de mi propia muerte. 


Porque cuando imagino que ella puede evaporarse, anticipo multiversos llenos de desgracias y espirales descendentes.


Porque cuando desaparece, vivo cada día un multiinfierno tan crudo y real como esta sádica vida sea capaz de diseñar.


Porque cuando sonríe, logra que me olvide de este cuerpo repleto de cicatrices, de una existencia repleta de folios cardiografiados que relatan traiciones y desconfianzas. 


Porque cuando llora y se marchita, me arde el pecho por provocar cualquier incendio que alumbre un nuevo camino, aunque tenga que usar mi propia piel de combustible.


Porque allá donde miro veo millones de bombillas y una sola estrella. 


Porque en mi mundo todos somos espejos deformes, y ella la única figura definida. 


No, no lo pulsaría.


No lo pulsaría porque si alguien merece vivir... es ella.      




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miércoles, 30 de septiembre de 2015

El Mundo dejó de ser YO



Cuando nacemos, cuando abrimos los ojos por primera vez, es como si germinara también el mundo entero. Todo lo que precede ese momento nunca será visto (y aunque nos cuenten que pasó, no lo experimentaremos), y todo lo que sobrepase nuestra muerte tampoco. La tendencia del individuo es ver el Universo entero bajo su único plano de existencia.


Cada suceso interno o externo, con su correspondiente filtrado a través de nuestra mente, y sus posteriores conclusiones, hacen de cada ser un entramado específicamente único. El mundo soy YO, y todo gira entorno a mi, ya que mi mundo sólo es vivido por mi. El único compañero que tendremos todo nuestro camino vital con una certeza absoluta somos nosotros mismos, y hemos de vivir con ello, sea como sea.


Durante dicha senda vital colisionamos con otros mundos, intercambiando nuestras perspectivas. Éstas acaban influyendo mínimamente en nuestro devenir, ya que normalmente nada hace cambiar radicalmente su eje, seguimos girando alrededor de nosotros mismos. Si en algo confiamos, si en algo creemos, es en lo que nuestro cerebro percibe, y aunque sabemos que hay mas personas en el mundo, el contacto con ellas no transforma drásticamente nuestra esencia. La mayoría nos parecen experiencias repetidas, galaxias extremadamente semejantes en su base.


Pero ella no es semejante a nada, y haberla conocido me hizo cuestionarlo absolutamente todo. El mundo dejó de ser YO, cada suceso pasa por dos filtros desde entonces. Mi cerebro no sólo se preocupa de procesar lo que ocurre en mi interior, sino lo que sucede en el suyo también y qué reflejo tiene en mi.


Gracias a ello soy capaz de ver mis errores, de ver mis propios engaños, y lo más importante, entender que mi actos tienen consecuencias en algo mas que yo mismo. Porque me preocupa dañarla, porque no todo vale por mi propio provecho.


El verdadero amor es humildad y caridad, el verdadero amor te fuerza a construirlo todo de nuevo.




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- Adamas

martes, 15 de septiembre de 2015

Cardionáutica (Aorta Ascendente)


Hola de nuevo, CiberCosmos!


Después de unas vacaciones veraniegas alejado del virtualismo, de las teclas de mi querida "manzana", de la gestión de tareas y el orden... vuelvo a la actividad blogguera. Hay que decir adiós a la entropía!


Como algunos de vosotros sabéis, adoro el simbolismo, como por ejemplo en cuanto a fechas significativas (para mi "yo mismo"). Es por ello que he elegido iniciar el "curso escolar" hoy, un 15 de Septiembre. Hasta habrá alguno que se extrañe de que no estrenara el día 13, pero el órgano al que obedezco quiso que el regreso se marcara en rojo hoy.


Hace exactamente 5 años inicié un viaje, tanto físico como psíquico y espiritual. Fue uno de esos días en los que te sientes abrumadoramente vivo. Albergaba temor, pero asumí que hay cosas mucho peores que la Muerte o el Fracaso.


El Amor y la Pasión son el alimento del Alma, nos mantienen en movimiento mientras peleamos por una victoria. Incluso si no existiera la Felicidad, merece la pena seguir al instinto, aunque en ese mismo instante no puedas "unir los puntos" y formar una imagen totalmente definida.


Desde entonces, cuando dudo de mis pensamientos y acciones, cuando me planteo cuál debería ser mi devenir... Le pregunto a mi corazón. Para cualquier travesía vital que emprendo, tengo que disponer de su beneplácito.


Al fin y al cabo, todo este "circo" en el que vivimos es mucho más sencillo de lo que nos pensamos. Tan simple como esto:


"Esto es lo que siento y aceptaría morir mientras sea honesto con ello"


Es agradable estar de vuelta. Os dejo con una nueva Prosa Poética que describe todo lo dicho anteriormente, además de un pequeño cambio de imagen en la portada del blog.


Disfruten del paseo!


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CARDIONÁUTICA (AORTA ASCENDENTE)


"A veces nuestros sueños se revelan antes en el pecho que en la mente".


Y es que hay procesos internos que no logramos entender, y si buceamos entre ellos corremos el riesgo de ahogarnos. Existen intuiciones que no se basan en la razón, y si le buscamos un sentido descubriremos que nuestra inconsciencia es mucho mas sabia que nuestra consciencia. 


Es una brújula que nos guía hacia lo que no somos capaces de aceptar, hacia lo que deseamos tan profundamente que ni siquiera tenemos conciencia sobre ello. Bajo el influjo del magnetismo nos acercamos a todo lo que ansiamos, bajo su influjo lograremos llegar a donde todo carezca de importancia.


Así que dejemos nuestro cuerpo caer sin más rumbo que el que dicte el armónico movimiento del entorno, confiemos plenamente en que todo llega si desviamos nuestra voluntad hacia la parte de nosotros que es incontrolable. 


Evolucionar es como guardar en un caja fuerte todo aquello sin lo cual no podemos vivir, todo aquello que alimenta nuestra alma. Y, tras ello, tirar la llave al mar y aprender cerrajería con una sonrisa autoimpuesta.


Porque la única forma que tenemos de aferrarnos a la vida es arañar el asfalto y continuar nuestra senda, gritando más fuerte cuando el viento helado incinera nuestro paso, dejando una estela de humo y decibelios, ignorando el hecho de que podamos ser engullidos por la más negra de las apatías.


Si nuestro instinto nos susurra, nuestra brújula intentará prestarle atención y mantenerle como referencia. En ocasiones, el fracaso puede inducirnos a pensar que nos ha engañado, sentirnos frustrados por no estar llegando a nuestro destino deseado, y ante esto sólo puedo decirte:


“Nadie más que tu corazón es capaz de indicarte tu camino. Confía en él, vacíate de indecisión y pisa a fondo”.


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