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viernes, 25 de marzo de 2016

Disparando Indiscriminadamente


Odio a los mentirosos
, porque creen que diciendo lo que no es todo mutará hacia su perspectiva manipulada. Colocan trabas a la objetividad sirviéndose de la falacia, y a menudo lo consiguen, ya que sólo hace falta sembrar una duda para que crezca un árbol lleno de desconfianza. 



Si se planta más de una, la realidad precipita con certeza en la entropía.


Odio a los hipócritas, porque exigen a los demás que den lo máximo de sí mismos pero son laxos con su propia ética. Se aprovechan de las situaciones a posteriori, eligiendo sus juicios de valor dependiendo de en qué lado de la línea estén. 


Si la cruzaron, se defenderán. Si la cruzaste, te crucificarán.


Odio a los fotófagos, porque engullen la luz de los demás sin importarles un ápice el sino de quien parasitan. Nadie es omnipotente, todos necesitamos alimentarnos de cariño y atención, pero si no hay retroalimentación acaba resultando un simple saqueo, un acto de pillaje. 

Una violación a la vitalidad.


Odio a los egoístas, porque nunca quieren pararse a pensar que el mundo no gira alrededor de ellos. Guardan celosamente todo aquello que podrían entregar al resto pero que prefieren conservar para sí mismos, sumergiéndose en un autismo narcisista voluntario. 

No saben cómo liberar el ombligo.


Odio a los cobardes, porque se aferran a la zona de confort para nunca ir más allá. Se resignan ante el fracaso, asumiendo que "los valientes" pelean al no experimentar miedo, engañándose para no aceptar que todos poseemos rincones sombríos en nuestras almas. 


Ser audaz es lidiar con tu propia oscuridad.


Odio a los amantes silenciosos, porque sus vidas serían diferentes si desarmaran de una vez sus temores. Es mejor estar solo que mal acompañado, pero también es mejor estar bien acompañado que solo. Y la vida es tan corta como una exhalación, no espera por nadie. 

Ya no está de moda el sacrificio sentimental.




Odio el amor, porque todas te aprecian pero ninguna te entrega su corazón, aún palpitando entre sus manos, aunque a ti sí que te lo exijan. Siempre acaba sabiéndome agridulce al ser mas cómodo recibir que dar, al hundir una señal de "Entrada Prohibida" que sólo inhabilita su trayectoria hacia mí. 


Soy fácil de querer y difícil de amar.


Os odio a todos, porque estáis inacabados y no os importa un bledo. Atesoraba un frasco repleto de fe en vosotros, ahora escondo vuestros cristales bajo mi alfombra mientras me pregunto "¿cómo puede evaporarse tan rápido la esperanza?". La única respuesta posible es:


"Sólo puedes odiar aquello que una vez amaste".


Y por eso también me odio a mi mismo, porque no importa cuanto me esfuerce, en algún momento erraré y pecaré como todos. La perfección es una utopía más, nunca estaré completo, nunca seré libre. Sólo hay una manera de contrarrestar esta revelación que clama mi autodestrucción. Un nuevo mantra para pelear al menos por nuestra salvación:


"Nunca me amaré tanto como yo te amo".




PD: También odio a Instagram, cuya política sexista va a permitir que yo pueda colgar esta foto sin ponerme ninguna pega mientras a cualquier mujer se la borraría instantáneamente.



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domingo, 13 de marzo de 2016

Lienzo en Blanco



Justo cuando Amber detuvo el motor de su ostentoso deportivo italiano en el aparcamiento del “Dark Dreams”, la voz temblorosa de April se apresuró a dejar patente el nerviosismo que, en ese mismo instante, la dominaba.


“- Oye, no estoy muy segura de esto.”


“- Pero joder… ¿no lo habíamos hablado ya?.”


“- Sí, pero no creo que esto esté bien… sabes que yo no soy ese tipo de persona, siempre he defendido que…”


“- ¿Otra vez me vas a soltar todo el rollo?. Pero mira que eres mojigata. Nos conocemos desde la Universidad, y no recuerdo una sola vez que hicieras algo que quisieras sin que se te tuviera que llevar a rastras.”


“- Te he dicho mil veces que no soy una mojigata. Simplemente tengo mis dudas…”


“- ¿Es por Jim? Precisamente estamos aquí por él, para quitarte de la cabeza lo que te ha hecho ese hijo de puta.”


“- Ya, si esa parte la tengo clara… más o menos. Pero para mi no deja de ser como si le engañara, o como si me engañara a mi misma, en cierto modo.”


“- Te recuerdo que se folló a su secretaria, menudo tópico además. Que cuando le descubriste, encima te echó en cara que lo hizo porque le tenías desatendido, cuando has sido su perrito faldero durante todo vuestro matrimonio. Y, para rematar, quien se tuvo que ir de casa a un puto motel fuiste tú.”


“- Bueno, pero yo le sigo queriendo…”


“- Mojigata, cobarde y sumisa. Eso eres.”


“- Que no me llames mojigata, joder!.”


“- Pues compórtate como una mujer libre, valiente y poderosa… y entremos de una vez. Para eso estamos aquí, para que sueltes toda esa tensión. Te aseguro que saldrás como nueva, hecha toda una campeona. Créeme, Lienzo es fantástico, no encontrarás a nadie igual que él.”


“- … “


“- ¿Ese silencio es un sí?.”


“- De acuerdo… entremos.”


“- !Ésta es mi zorra! No te vas a arrepentir… ¿Has visto todas las luces que tiene este sitio? !Esto es un parque de atracciones para adultos, y te vas a montar en la montaña rusa más fabulosa que existe!.”


April esbozó una tímida sonrisa, de ésas que reflejan la excitación ante un gran evento vital, y asintió con la cabeza. Juntas, salieron del coche y se dirigieron hacia la entrada del club de alterne. 


“Dark Dreams” era una construcción imponente, un edificio de cuatro plantas de estilo victoriano que inspiraba un elegante misterio a pesar de lo extravagante de su iluminación. Sus amplios ventanales, los detalles esculpidos a mano de su fachada y su afilada torre central dejaban claro que aquel lugar no era como los demás prostíbulos de la zona.


El portero, un africano de largas rastas de dos metros de altura por dos de anchura, reconoció a Amber inmediatamente y les deseó a ambas una feliz velada mientras les abría la puerta. Amber le mandó recuerdos a “su señora”, un detalle que sorprendió a April. Le había dicho que solía venir de vez en cuando… pero parecía ser alguien más que habitual en el lugar.


El largo pasillo de rojas paredes aterciopeladas que les llevaba a la “Sala de Espera” se le hizo interminable a April. Durante el trayecto, miró con vergüenza algunas de las fotografías en blanco y negro que llenaban los espacios vacíos de esos muros carmesí. Hombres y mujeres vestidos de cuero, atados y amordazados… unos siendo golpeados, otros infligiendo dolor. Todos ellos con las sonrisas más amplias que vio jamás. 


Al traspasar la cortina que separaba ambas estancias, April se sorprendió enormemente. Siendo su primera vez allí, se había imaginado algo más sórdido, lleno de yonkis y maleantes. En cambio, se encontró con que todos los clientes iban impolutos, ellos con esmoquin y ellas con vestidos de noche oscuros. Aquello parecía más una boda que un burdel, aunque entendió por qué había insistido tanto Amber con la indumentaria que ambas llevaban.


El recinto tenía una decoración lujosa, con sofás Chesterfield negros que contrastaban con el mármol de Carrara de las mesas y la barra. Nuevamente, las paredes estaban cubiertas de aquel terciopelo bermellón intenso. Todo allí era negro, blanco o rojo.


Un joven musculado, perfectamente depilado y ataviado sólo con un slip bruno con tachuelas metálicas se les acercó, saludó a Amber con un beso en la mano derecha y les comunicó que deberían esperar unos minutos, ya que Lienzo estaba descansando de su sesión anterior. Les entregó dos copas de Möet & Chandon Brut Imperial, lo único que se servía allí, y les acompañó a sus asientos.


“- Madre mía, Amber… !qué hombre! Espero que Lienzo esté tan bueno como éste tío.”


“- Ya te he explicado que lo bueno de Lienzo no es su apariencia, sino lo que es capaz de hacer… o dejarse hacer, mejor dicho. Tú no necesitas un polvo con un cuerpo bonito, necesitas una experiencia que te abra los ojos en cuanto a la vida. Y Lienzo consigue que tus sueños se hagan realidad. De su habitación saldrá una nueva April, una que nunca más se dejará pisar.”


“- Ojalá sea así. Esto es un mundo nuevo para mí, por mucho que me hayas contado tu experiencia con él… no me parece algo posible, es casi como fantástico, como un cuento de hadas. ¿Superar toda mi mierda personal en una sola sesión? No se… de lo que hablas es magia.”


“- No se cómo lo hace, pero lo consigue… lo he visto con mis propios ojos, yo lo he hecho con él, lo he vivido. ¿Crees que me iba a gastar 5.000 dólares en esto si no supiera que te va a hacer el bien que te he prometido?.”


“¿5.000 dólares? ¿Estás loca? Creía que esto era más barato… No puedo aceptarlo, Amber.”


“Piensa que es el regalo más grande que te puedo hacer, y actualmente me sobra el dinero, te dije que ahora me va sobradamente bien. Desde que pasé por aquí por primera vez, no he dejado de ascender en mi empresa. ¿Creías que era algo casual?. Lo que hice con Lienzo ha sido la razón de ello. Y te confieso que yo también tuve una madrina entonces, mi tía Agnes fue quien me trajo y pagó por mí. Tómatelo como un ritual de iniciación, la primera es gratis y, en el futuro, cuando tengas tus propios recursos y seas la mujer poderosa que debes ser… traerás a otra mojigata aquí a sacarse los demonios fuera.”


“- ¿Tu tía Agnes? ¿En serio? Pero si tendrá como unos 70 años, ¿no?. Nunca lo hubiera imaginado…”


“- Para que veas que esto que vas a hacer es algo muy normal. Es mas… ¿no reconoces a nadie de aquel grupito de allí?.”


“- Madre mía… ¿es esa la alcaldesa? ¿pero qué hace aquí?.”


“- Y el que está a su lado es el fiscal general. Si ellos están aquí… ¿acaso hay algún problema en que estés tú?. Mientras seas discreta con lo que veas, nadie te molestará nunca a partir de ahora, te reconocerán como una igual. Esto es la Liga de Primera División, y ahora juegas con nosotros, April.”


“- Ya sólo con esto me siento más importante.”


“- Pues espera a probar a Lienzo…”


En ese momento, el muchacho de antes les interrumpió, avisándoles de que Lienzo ya estaba preparado. April se levantó, dio un sorbo interminable a la copa hasta no dejar una sola gota, suspiró profundamente y le siguió hasta el ascensor que formaba el núcleo central de la inmensa torre del edificio. 


Al entrar, pulsó el botón superior del cuadro de control, junto al que se podía leer “Habitación de Lienzo”. Mientras se cerraban las puertas, el chico le dijo:


“- Nos veremos en el otro lado, preciosa.”


April se quedó callada mientras se ponía colorada. Menos mal que ya no podía verla, ese chico le había gustado mucho, era tan atractivo, tan… alejado de lo que creía que alguien como ella se merecía. Durante unos segundos se olvidó de donde estaba y hacia donde iba, mientras fantaseaba con ese cuerpo escultural que le había llamado preciosa hace un instante, que la había ruborizado.


Imaginó que se acercaba a él y le besaba apasionadamente, que le metía la mano dentro de su minúsculo atuendo y le susurraba al oído “te voy a dejar seco”. Este pensamiento le estremeció todo el cuerpo, pero enseguida volvió a pensar que nadie como él desearía a alguien como ella. Sí, era un empleado de aquí, por eso le había piropeado, es parte del negocio.


Volvió a la realidad cuando el ascensor se detuvo bruscamente. Las puertas se abrieron, dio unos pasos adelante y se adentró en la sala. Tanto las paredes como el techo y el suelo eran de azulejo blanco, y en el centro de la estancia había un agujero que se asemejaba a un desagüe. Al fondo había dos portones, del de la derecha salió un hombre desnudo, de baja estatura y una complexión no muy atractiva, era un hombre muy convencional.


April no pudo ocultar su decepción al verle, esperaba una fachada algo más cautivadora que la que tenía delante. Lienzo sonrió, como si se hubiera percatado de la desilusión de April y fuera algo que ya hubiera previsto, y le comentó:


“- Tranquila, supongo que ya te han contado que mi punto fuerte no es el aspecto, sino no estarías aquí ante mí en mis aposentos. Si ya has llegado hasta aquí, te animo a que cumplas tus deseos. No obstante… ¿tienes alguna duda al respecto?.”


“- Creo que no, mi amiga Amber ya me ha explicado todo, aunque sea algo extraño e irreal asegura que tú podrás quitarme de encima todo el dolor y la rabia que llevo dentro, que me desharé de ese límite que me impide progresar, que hace que mi voz no sea escuchada. Odio sentirme así, verás, es que mi marido…”


“- Eh, eh… no hace falta que me cuentes tu historia, en el fondo es igual que la de todos los que pasáis por aquí… y es algo irrelevante. No necesito un por qué, sino que te quedes vacía de miedo y aflicción. No más excusas, no más justificaciones, no más palabras. No quiero oírte, sólo quiero verte hacer. Entra en la habitación de la derecha, escoge tu juguete y vuelve aquí a jugar conmigo, hasta que mi cuerpo no pueda aguantar más. Después, márchate por donde has venido. Ése es el trato, ¿de acuerdo?.”


“Sí, claro, como tú dig…”


“Te he dicho que no más palabras, asiente con la cabeza y comencemos de una vez.”


April se calló, esbozó una mueca pícara y se apresuró dentro del cuarto de los juguetes. Tras una breve deliberación, se decidió por un bate de baseball de aluminio. Le había recordado a Jim, a esas interminables veladas viendo a sus adorados New York Yankees en la televisión, en las que ella dejaba de existir, en las que cualquier mínimo comentario suyo era reprendido por él argumentando que le estaba impidiendo disfrutar del partido. Pues ahora ella iba a disfrutar esto, cada segundo de ello…


Salió corriendo en dirección a Lienzo y le asestó un duro golpe en la parte frontal del cráneo. Éste cayó al suelo, comenzando a sangrar profusamente de la laceración que le había provocado el impacto. Miró a los ojos a April desde el piso, soltó una carcajada y le espetó:


“- Así me gusta. !No te dejes nada dentro, chica!. !Acaba conmigo!”


April comenzó a gritar, hasta que las cuerdas vocales le ardieron como si hubiera bebido ácido. Sus brazos oscilaban violentamente arriba y abajo, esgrimiendo el bate como si de un mortal pincel se tratara, plasmando con cada salpicadura de sangre los trazos que daban forma a la ira que la había estado devorando por dentro. Mientras más se denostaba la figura de Lienzo, más excitada y poderosa se sentía.


Cada vez que oía el crujido de sus huesos se sentía más y más ligera, menos y menos culpable. Dejaba de sentirse una víctima para convertirse en un verdugo. Abandonaba su condición de presa para abrazar totalmente una nueva como depredadora. Nada podría detenerla ahora.


Al cabo de lo que a ella le pareció una dulce eternidad, detuvo sus impactos y lanzó el bate lejos de ella. Se tumbó junto al cadáver de Lienzo, abrazándolo, llenándose el vestido de sangre.


“- Gracias… Muchas gracias.” 


Y, entre lágrimas de felicidad, se levantó y se marchó por el ascensor por el que vino. Cuando llegó a la planta baja, sonó un aviso por la megafonía del local.


“- Den la bienvenida a una nueva miembro al Club. Felicidades, April.”.


Todo el mundo se puso en pié, alabando la valentía que había mostrado al dejar suelta su parte más animal. Lo había hecho, como todos los demás allí presentes. Había acabado con la vida de otro, le había aplastado como si de un insecto se tratara. Y lo mejor de todo, nadie podría acusarle de homicidio, ya que todo era perfectamente legal.


En su mirada se cruzó el muchacho musculoso, y sin pensarlo dos veces se acercó a él, le besó apasionadamente, le metió la mano en su minúsculo atuendo y le susurró al oído “te voy a dejar seco”. Le agarró bruscamente del brazo y se fueron a uno de los cuartos reservados para el sexo libre y salvaje de los tantos que albergaba el establecimiento. Tenía un montón de nuevos sentimientos que celebrar.


Mientras tanto, en el cuarto de blancos azulejos, Rosita, la limpiadora del turno de noche, pasaba la manguera para quitar las manchas de sangre. El amasijo de carne, plasma y hueso que se encontraba a sus pies comenzó a moverse lentamente entre chasquidos, recuperando paulatinamente la forma humana que tuvo antes de la tremenda paliza que recibió.


Gemía de agonía al principio, para ir poco a poco recuperando la nitidez en sus palabras, expresando con blasfemias la tortura que suponía el proceso de regeneración. Cuando hubo completado la recuperación, se puso de pie delante de Rosita con los brazos extendidos.


“- Anda, Rosita, límpiame con la manguera de un momento, que tengo otra sesión en quince minutos.”


“- De verdad… sigo sin entender qué coño haces con tu vida. Mírate, podrías estar haciendo cualquier cosa… salvando al mundo. Eres inquebrantable, eres inmortal… ¿por qué malgastas tu don aquí?


“- Pues lo mismo que haces tú… es dinero fácil y rápido. Claro que podría ser un héroe, pero aquí cobro 1.500 dólares por sesión. Los buenos son pobres, y yo no quiero serlo. Mis vicios son caros, y prefiero poder pagarles a no poder permitírmelos. Puede que no tenga una vida honorable… pero el honor ni te alimenta, ni te viste, ni se esnifa.”


“- No, si tienes razón… pero si fueras mi hijo, me avergonzarías.”



“- Pues quédate a la siguiente sesión y tal vez cambies de opinión. La siguiente que tiene reserva es mi madre, podrás preguntarle qué piensa de esto.”




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miércoles, 24 de febrero de 2016

Síndrome del Cangrejo



Hay dos formas de andar: de frente y de espaldas. 


Dentro del desplazamiento físico, la totalidad de las personas transitan frontalmente. En cambio, en el desplazamiento vital y emocional, nos encontraremos a menudo con lo que podríamos denominar "Síndrome del Cangrejo”.


Los individuos que lo padecen son los que hacen suya la expresión "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". La forma que tienen de afrontar su futuro es mirar incesantemente al pasado, resultando su presente un ciclo nocivo, anclándose en la obsesión y la compulsión. 


La obsesión con volver a tener una oportunidad para redimirse, la compulsión de creer que el método a utilizar para conseguir sus metas debe ser el mismo que utilizaron anteriormente. 


O aún peor: no querrán luchar en una nueva batalla (ya que en todas las anteriores perecieron), y no iniciarán un nuevo ciclo nunca mas. Los antiguos fracasos retroalimentarán este sistema interno del “todo o nada” en algún momento del proceso, y acabarán errando de nuevo.


Y esto se debe a que no logran evitar apartar sus ojos de lo ya acontecido, de lo que irremediablemente fue y nunca podrá ser de otra forma. 


No son capaces de tatuarse en su mente nuevos dogmas, objetivos o normas de conducta que provoquen un punto de inflexión en sus vidas. Que los lleven a evolucionar, a un nuevo plano espiritual.


Uno de los mejores momentos que tienen para ello es cuando mas derrotados se sienten, cuando todo ha perdido su color natural y se ha transformado en una escala de grises total. Ese instante en el que se ven forzados a tomar una decisión, esa inyección repentina de stress que se produce al situarse al borde de un abismo.


Pueden ayudarse de la bioquímica de nuestro organismo para lograrlo. La liberación súbita de cortisol y adrenalina, los cuales se producen durante y después de una experiencia altamente emocional, hace que la información se fije en nuestro cerebro con mayor eficacia. 


Un ejemplo universal para ilustrar dicho efecto es el siguiente: si tratamos de recordar qué hacíamos o dónde nos encontrábamos el 11 de Septiembre del 2001 o el 11 de Marzo de 2004, es muy probable que sepamos responder con una precisión absoluta y con gran lujo de detalles. Pero si tratamos de evocarlo situándonos tres días antes, no tendremos más que una nube de incertidumbre.


Y si formuláramos las mismas preguntas en contextos temporales de carácter personal, fechas clave en nuestra historia individual, dispondríamos de la misma seguridad en nuestra respuesta. La narración sería vívida, lúcida y convincente.


Conociendo este hecho deducimos que el mejor momento para decidir romper ese círculo vicioso, cuando mas valentía somos capaces de desarrollar de una manera natural para hacer frente a esa espiral autodestructiva... es cuando nos hayamos acorralados y en peligro. 


Se corre más rápido, se muerde con mayor presión, se golpea con más violencia. 


Si, en cambio, dejamos pasar el tiempo sin dilucidar el rumbo más adecuado para nuestro devenir, con mucha facilidad continuaremos con una inercia remota. Elegiremos de nuevo aquellas malas decisiones que fueron tomadas durante una etapa diferente, con otro contexto y otros intérpretes.


Y no hay juicio más injusto que aquel en el que se sentencia sin examinar la singularidad del suceso acaecido.


El problema está en que, cuando se nos presenta esta ocasión, solemos optar por la opción mas rápida y práctica. Y, normalmente, es aquella que más daño nos va a infligir. Nos suele dominar más la prisa que la coherencia o incluso el instinto.


No valoramos tanto como deberíamos esta forma de inteligencia abstracta. Somos tan inmensamente orgullosos y carentes de humildad que pensamos que nuestra parte consciente es la única que proporciona soluciones a todo… pero no es así. El consciente es una minoría frente al inconsciente, la punta del iceberg.


De ahí que con la ayuda de la razón consciente podemos plantear múltiples alternativas, un análisis detallado de aquello que podría suceder tras una decisión determinada. El resultado será una respuesta “lógica” en concreto por puro valor estadístico.


Pero no somos máquinas, somos seres con alma, que tienen la capacidad de reír y llorar. Y esa parte emocional, mucho más visceral y profunda, escondida dentro de un baúl sin llave, sólo se abre paso de forma repentina. Son fogonazos que simplemente se sienten, sirviendo de brújula para el espíritu con una mayor efectividad que la analítica exagerada.


Luego… si tu instinto sugiere llevarte hacia un lugar definido, ten en cuenta su mensaje tanto o más que a los de tu intelecto. 


Porque la probabilidad es una ciencia inexacta siempre que hay un humano de por medio… o dos…


Abraza el futuro, ya que lo que quedó detrás de ti ya no vale nada.



NO ANDES DE ESPALDAS.




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sábado, 13 de febrero de 2016

Sucedáneos Vitales (Introducción y Capítulo 1)


------------- INTRODUCCIÓN -------------


Odio los Sucedáneos Vitales, los sustitutos. Todo aquello que parece ser… pero no es.


Y los odio aunque, en alguna ocasión, me vea inevitablemente abocado a consumir alguno de ellos frente a la opción genuina, única o más valiosa. Y digo consumir, no elegir. Porque nunca optaré voluntariamente por lo mediocre frente a lo excepcional, tendré que ser sometido para ello. Me defenderé de la agresión, aunque no soy todopoderoso. Todos tenemos, por desgracia, algún límite o debilidad. Empezando por mí mismo.


Uno de dichos límites puede ser el poco control que tenemos sobre nuestras decisiones, al ser nuestro consciente absurdamente inepto frente al inconsciente, que se preocupa con compulsividad de guardar sin prejuicios toda la información que recibimos. Somos capaces de verlo todo y no percibir más que su superficie, dejándonos engañar por la tendencia caprichosa y partidista del ego.


Hay que hacer un gran esfuerzo para mejorar este aspecto de nosotros mismos, ya que hay que abrir ampliamente nuestros sentidos, usar la lógica en vez del deseo irracional. Usando la primera como herramienta, no nos dejaremos llevar por lo irreal e imaginario, sino por lo real y concreto… elegiremos todo aquello que nos arregle la vida y la de otros, que nos haga crecer de verdad. 


Podéis pensar que la inmensa mayoría de lo que percibimos y hacemos tiene el sello de la genialidad, pero no… es más bien al contrario. Estamos invadidos por estímulos y actos firmados por la mediocridad, esa infección del alma cuyos síntomas son muy evidentes para los demás, pero no tanto para uno mismo. 


Puede darse el caso de que alguien, sin que sea por propia voluntad, no logre ver ese disfraz que, como en el Cuento del Traje Nuevo del Emperador, está hecho de aire y mentira. Ese maquillaje maquiavélico que teje la sugestión mental. Por esta razón procederé a desglosar aquellos que lograron captar mis sentidos y fueron mostrados ante mi con su auténtica apariencia.


Con cada uno, tendrás la opción de seguir a la lógica o a la irracionalidad, a buscar la excelencia o agarrarte a la mediocridad, a sustituir una vida vacía de sentido por una llena de significado. 


Tus actos hablarán por ti (como los míos hablarán por mí).


------------- CAPÍTULO 1 -------------


“Porque un sucedáneo es…”


“… como creer que leer la sinopsis es conocer toda la historia”.


Porque conocer el itinerario de un viaje no significa andar el camino. Una presentación escueta no te enriquecerá, ya que descubrirás las consecuencias más relevantes pero ninguna nueva enseñanza detrás.


No conocerás sus causas, ya que para ello necesitas disponer de información sobre ellas, cuanta más mejor. Una aventura es una secuencia de pequeños pasos, cada uno dado dentro de un contexto exclusivo. Seguir la senda es lo que te aporta algún beneficio real, lo que hará que logres obtener alguna emoción o lección moral al llegar al final de la experiencia. El desenlace de algo siempre debe ser simplificado al ser vivido, nunca al ser imaginado.


Y todo por querer correr en vez de andar.


“ … como utilizar a quien se te mantiene leal”.


Porque es más difícil recompensar a quienes nos aman incondicionalmente que sólo aceptar su ayuda. Resulta tremendamente sencillo obviar que dicho esfuerzo merece ser recompensado, aunque te estén dando su vida sin pedir nada a cambio.


Ellos siempre te ofrecerán nuevas perspectivas cuando las necesites, te animarán a superarte y a evitar riesgos innecesarios, se preocuparán de no faltarte al respeto y nunca te mentirán. Los que te admiran anteponen sus necesidades frente a las tuyas, una y otra vez, porque necesitan hacerte feliz de verdad cuando saben que tu sonrisa es fingida.


Y todo por no aceptar la reciprocidad y la igualdad como los derechos del otro, como una responsabilidad para con los demás.


“… como protestar airadamente el día que arde Europa, pero obviar en cualquier otro momento las cenizas del Tercer Mundo”.


Porque reconocemos abiertamente la tragedia con mayor facilidad cuando salpica al Sistema al que nosotros pertenecemos, aunque haya desastres mayores cada día en términos de víctimas o de crueldad aplicada realizados en nombre de nuestra propia comunidad. Aquellos que poseen el poder (entre los que tú no te encuentras) fueron lo suficientemente hábiles para hacerte creer que tu tren de vida es el mismo que el de ellos. Crees de verdad que formas parte de su Club.


Mientras roban a los más desfavorecidos, te hacen cómplice tras presentarte una opinión manipulada sobre lo que están haciendo allí. Ponen la etiqueta de “enemigo” en alguien abstracto y extraño, un arquetipo con una cantidad enorme de tópicos, deshumanizando culturas enteras de millones de individuos diferentes. Si caes en su trampa y sólo crees lo que ellos te plantean, les das el beneplácito para continuar los abusos, ya que esperan a que suceda algo cercano para justificar todo aquello que estuvieron haciendo en la sombra y tener carta blanca de ahí en adelante.


Te mantienen asustado, empequeñeciendo tu burbuja de seguridad, induciéndote a pensar que el mundo es un lugar peligroso y no hay nada más importante que tu hogar. Pero el hogar está allí donde encuentres un generoso corazón afligido, y si exploras otras culturas te darás cuenta de que los oprimidos somos la inmensa mayoría. 


Que todos vivimos sometidos por unos pocos sociópatas que nos gobiernan en cualquier país que elijas analizar. Que hay que empatizar con el sufrimiento en sí mismo en vez del que sólo encaje con nosotros o con la moda mojigata de turno.


Y todo por no querer quitarte la venda de los ojos para ver que eres un esclavo más.


“… como usar cubiertos de plástico en vez de metal”.


Porque resulta más cómodo tirarlos a la basura que fregarlos. Con los de plastico, gastas uno hasta que se rompe (más pronto que tarde), desperdiciando nuestro dinero mientras dejamos una huella ecológica inexistente en el otro caso. Usamos una cantidad numérica absurda a largo plazo de ellos, que se limita a “uno de cada tipo” cuando optas por el metal. 


Y todo por no gastar unos minutos lidiando con el agua, el jabón y la suciedad.


“… como ser buena persona sólo en Navidad”.


Porque una semana de buenas caras no borra los pecados de las cincuenta y una restantes. No sólo carece de sentido práctico, ya que si eres un hijo de puta total no consigue eliminar el recuerdo del daño que hayas provocado, sino que resulta hipócrita hacia cualquiera que sufra el resto del año por cualquier motivo que ahora defiendas y del que te olvides a la hora de la verdad. 


Quienes te rodean y se ven afectados por tus acciones necesitan sentir que una familia es real cuando cada día hay afecto y preocupación, ninguno te aceptará en el futuro aunque ahora te sigan el rollo, acabarás repudiado y solo. 


Y todo por evitar convertir la bondad en una forma de vida.


“… como dedicarle más tiempo a un grupo tributo de versiones que a crear tu propia música original”.


Porque es más cómodo representar obras de artistas contrastados y aprovecharse de su fama para conseguir aplausos fáciles, que desnudarte sobre el escenario representando algo personal, arriesgándote a que la mitad del público no te comprenda.


Te ahorras una labor titánica que dichos artistas sí tuvieron que hacer realidad con mucho esfuerzo, buscar dentro de ti un sonido que demuestre una visión sonora que nadie más tiene. Romperte la cabeza huyendo de lo habitual al mezclar conceptos que nadie más se atrevió a fusionar, combatir la incredulidad inicial del espectador y defender a tus temas propios como si fueran hijos reales.


Crear tu propia música te hace profundizar en tus decisiones, saca de dentro quien eres y qué has venido a aportar al mundo. Es tan laborioso como doloroso, un ciclo constante de ensayo/error/corrección/ensayo con tu interior como decorado. Una épica peripecia con un significado consecuente a nuestro reflejo. Si no vives la tuya, encarnar la de otros será una tarea vacua con sabor a plástico y carente de naturalidad.


Y si eliges copiar descaradamente la metodología y temática de uno o dos grupos para fabricar un producto sin alma bajo tu propia firma, en mi humilde opinión: no dejarás de ser un grupo de versiones. Si te etiquetan siempre como “los Coldplay españoles”, o dicen de vosotros que “sonáis a System of a Down con una voz a lo Linkin Park”, o te encasillan fácilmente dentro de un sólo género del tipo “pop alternativo”… acepta que eliges la máscara de otra voz antes que enviar al mundo un mensaje exclusivo lleno de tu significado. Tu rostro musical no te pertenece.


Y todo por preferir ser un intérprete vacío de lo auténtico frente a un músico repleto de pureza.


“… como someterte a quien le importas una mierda”.


Porque es más fácil seguir ordenes y dejarse vapulear por el matón que plantarle cara. Quienes abusan de ti usan un patrón reconocible, tratan de conquistarte inicialmente y, al comenzar a ver confianza por la otra parte, comienzan a introducir situaciones basadas en el dominio para marcarte como una posesión suya, luchando contra tu propia identidad por medio de la suya. 


Tus opiniones serán anuladas, se burlarán de tus sueños, menospreciarán tus capacidades. Y evitarás el conflicto una y otra vez, porque piensas erróneamente que hacerlo te convierte en una mala persona. 


Y todo por no aceptar la autodefensa y el autorespeto como tus derechos, como una responsabilidad para contigo mismo.


“… como mentirle a alguien antes que decirle la verdad”.


Porque ser sincero te hace vulnerable, expone las cosas tal y como son. Admirar algo secretamente o avergonzarte de tus actos puede resultarte desagradable, y ser honesto será un reto que te obliga a superar tus miedos, admitir tus errores y dar lo máximo de ti. Si decides no aceptar dicho desafío, optarás por la mentira.


Pero cuando tratas de engañar a alguien comienzas por ti, ya que asumes tu incapacidad para aceptarte por lo que eres, pasando a vivir un yo ficticio ante los demás. Aunque la mentira cuele, te has fallado a ti mismo. Y si no cuela, te confirmarás ante todos como un fraude. 


En cambio, si te aferras a la verdad como un dogma, puedes transformar lo que te rodea. Lo que deseas, estará más cerca de ser conseguido al ser exteriorizado. Lo que te daña, puede ser detenido al ser respondido. Lo que se desconoce, puede ser conocido al ser explicado. Lo que erramos, puede ser corregido al ser aceptado. 


La verdad es lo único que se puede disfrutar plenamente, la mentira sólo finge llenar un vacío que nunca se puede colmar.


Y todo por no mostrarte transparente y responsable ni ante los demás ni ante ti. 


“… como usar de brújula el miedo en vez de la pasión”.


Porque siempre hemos de elegir quién de los dos será el guía de nuestra travesía, y realizar un análisis concienzudo de nuestro deseo puede resultar engorroso y complejo frente a la inmediatez del temor y su paralizador veneno. Es un enfrentamiento donde sólo puede quedar uno y el resultado del combate trazará drásticamente el destino.


Todo aquello que amamos nos provoca pánico y lleva asociado un cierto grado de incomodidad, ya que la incertidumbre de lo desconocido hace temblar los cimientos de cualquiera. Puedes interpretar que dicho seísmo es una señal de peligro, pero las alarmas sólo sirven como recordatorio, en ocasiones será un “huye de aquí” y en otras un “esta vez quédate”. Es de vital importancia que investigues de que tipo de las dos es la que está zumbando en ese mismo instante.


Tu zona de confort sirve de anestésico momentáneo pero no te presenta ninguna novedad, te coacciona para persistir en lo ya disfrutado. Todo lo que contiene lo has contemplado ya, todo lo que te ofrece es más de lo mismo: La repetición de una repetición. 


En cambio, salirte de ella te fuerza a mantener tu mente despierta y activa, mientras exploras la diferente esencia de cada nueva experiencia. En el riesgo está la riqueza, y no hay mayor tesoro que seguir aquello que te hace acelerar el pulso, que te recuerda que estás vivo.


Usar el corazón ofrece mayores recompensas a cambio de sacrificio, atenazarse ante el miedo sólo asegura una derrota aséptica asegurada.



Y todo por no atreverte a saltar al vacío para descubrir si eres capaz de volar.




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