lunes, 5 de octubre de 2015

Funeral Celeste


El ser humano ha sabido adaptarse al entorno que le rodea para sobrevivir, dando lugar a muy dispares formas de obtener recursos del planeta para mantener su vida a salvo. 


Nuestra habilidad para sacar provecho de cualquier situación gracias a nuestro ingenio ha permitido que nuestra especie se haya extendido hasta los más recónditos lugares, perdurando incluso en los ambientes más extremos. No hay clima terrestre en el que no puedas toparte con un humano.


Cada una de las tribus o sociedades poseen rituales y creencias diferentes que modelan dicha civilización, proporcionando perspectivas específicas sobre el Arte de la Vida y la Muerte dentro de un contexto definido.


Cuando entramos en contacto con algún aspecto de una cultura que no es la nuestra, podemos quedarnos perplejos debido al contraste entre ambas tradiciones, e incluso no verle el sentido. Es por ello que conocer los porqués de dichas prácticas se hace tan necesario para su entendimiento, para aceptar la desemejanza.


Para el occidental, lo lógico es sepultar o quemar a sus muertos. En cambio, en el Tíbet, esto resulta una tarea inviable por dos motivos: el terreno está formado por escasos centímetros de tierra sobre una capa de dura roca que apenas se puede perforar, y a esa altura no crecen árboles con los que obtener leña para una cremación.


Es por ello que los tibetanos realizan un ritual funerario muy particular: el Funeral Celeste. Durante éste se lleva a cabo el Jhator, que significa literalmente "dar limosna a los pájaros". Si, amigos... como podéis imaginar ya, los fallecidos son devorados por las aves.


Para los budistas, hasta que el recipiente vacío que es el cuerpo muerto no desaparece, no es posible la reencarnación dentro de uno nuevo. Sólo en ese momento el alma puede volar libre, fundiéndose de nuevo en el Todo. 


Desde este punto de vista, mientras el cadáver permanece compuesto el alma sufre. El deber de sus seres amados es hacer ese espacio de tiempo lo más corto posible, por lo que se le lleva a lo alto de la montaña, donde se procede a una minuciosa disección para hacer más fácil la ingestión a las aves carroñeras. 


Incluso cuando sólo queda la osamenta, ésta es pulverizada y mezclada con harina de cebada, té y mantequilla para evitar que dejen ningún resto (cosa que, de ser así, es considerada un mal augurio para la próxima reencarnación).


Puede que resulte desagradable el concepto, pero a mi siempre me pareció una ceremonia muy poética. Tanto que me imaginé muriendo como tibetano, y escribí lo que os dejo a continuación. Una visión en primera persona del Funeral Celeste.


Que aproveche! Digo... que disfrutéis de la lectura!


--------------------------




FUNERAL CELESTE


Mi tránsito terrenal ha llegado a su último tramo, he de fundirme con la Naturaleza de nuevo.


Exhalo mi último aliento, el cual sirve de reclamo para las oscuras siluetas aladas que inundan impacientes la bóveda celeste.


No habrá paz hasta que sea polvo disperso, no habrá un nuevo yo hasta que los buitres, halcones y cuervos me engullan.


Daré limosna a los pájaros entregando pedazos de mi cáscara vacía, ya que el fruto de mi espíritu debe retornar a la matriz de la vida.


Todo lo que fui quedará atrás dentro de sus estómagos, todo lo que seré llegará cuando sus picos corten los invisibles hilos que mantienen mi conciencia ligada a mi ente físico.


Harina de cebada, te y mantequilla empapan mi cuerpo metódicamente diseccionado, el festín está dispuesto. 


Soy el plato único y la Tierra es mi comensal.


--------------------------


Si te ha gustado esta Prosa Poética, pueden interesarte también: