domingo, 13 de marzo de 2016

Lienzo en Blanco



Justo cuando Amber detuvo el motor de su ostentoso deportivo italiano en el aparcamiento del “Dark Dreams”, la voz temblorosa de April se apresuró a dejar patente el nerviosismo que, en ese mismo instante, la dominaba.


“- Oye, no estoy muy segura de esto.”


“- Pero joder… ¿no lo habíamos hablado ya?.”


“- Sí, pero no creo que esto esté bien… sabes que yo no soy ese tipo de persona, siempre he defendido que…”


“- ¿Otra vez me vas a soltar todo el rollo?. Pero mira que eres mojigata. Nos conocemos desde la Universidad, y no recuerdo una sola vez que hicieras algo que quisieras sin que se te tuviera que llevar a rastras.”


“- Te he dicho mil veces que no soy una mojigata. Simplemente tengo mis dudas…”


“- ¿Es por Jim? Precisamente estamos aquí por él, para quitarte de la cabeza lo que te ha hecho ese hijo de puta.”


“- Ya, si esa parte la tengo clara… más o menos. Pero para mi no deja de ser como si le engañara, o como si me engañara a mi misma, en cierto modo.”


“- Te recuerdo que se folló a su secretaria, menudo tópico además. Que cuando le descubriste, encima te echó en cara que lo hizo porque le tenías desatendido, cuando has sido su perrito faldero durante todo vuestro matrimonio. Y, para rematar, quien se tuvo que ir de casa a un puto motel fuiste tú.”


“- Bueno, pero yo le sigo queriendo…”


“- Mojigata, cobarde y sumisa. Eso eres.”


“- Que no me llames mojigata, joder!.”


“- Pues compórtate como una mujer libre, valiente y poderosa… y entremos de una vez. Para eso estamos aquí, para que sueltes toda esa tensión. Te aseguro que saldrás como nueva, hecha toda una campeona. Créeme, Lienzo es fantástico, no encontrarás a nadie igual que él.”


“- … “


“- ¿Ese silencio es un sí?.”


“- De acuerdo… entremos.”


“- !Ésta es mi zorra! No te vas a arrepentir… ¿Has visto todas las luces que tiene este sitio? !Esto es un parque de atracciones para adultos, y te vas a montar en la montaña rusa más fabulosa que existe!.”


April esbozó una tímida sonrisa, de ésas que reflejan la excitación ante un gran evento vital, y asintió con la cabeza. Juntas, salieron del coche y se dirigieron hacia la entrada del club de alterne. 


“Dark Dreams” era una construcción imponente, un edificio de cuatro plantas de estilo victoriano que inspiraba un elegante misterio a pesar de lo extravagante de su iluminación. Sus amplios ventanales, los detalles esculpidos a mano de su fachada y su afilada torre central dejaban claro que aquel lugar no era como los demás prostíbulos de la zona.


El portero, un africano de largas rastas de dos metros de altura por dos de anchura, reconoció a Amber inmediatamente y les deseó a ambas una feliz velada mientras les abría la puerta. Amber le mandó recuerdos a “su señora”, un detalle que sorprendió a April. Le había dicho que solía venir de vez en cuando… pero parecía ser alguien más que habitual en el lugar.


El largo pasillo de rojas paredes aterciopeladas que les llevaba a la “Sala de Espera” se le hizo interminable a April. Durante el trayecto, miró con vergüenza algunas de las fotografías en blanco y negro que llenaban los espacios vacíos de esos muros carmesí. Hombres y mujeres vestidos de cuero, atados y amordazados… unos siendo golpeados, otros infligiendo dolor. Todos ellos con las sonrisas más amplias que vio jamás. 


Al traspasar la cortina que separaba ambas estancias, April se sorprendió enormemente. Siendo su primera vez allí, se había imaginado algo más sórdido, lleno de yonkis y maleantes. En cambio, se encontró con que todos los clientes iban impolutos, ellos con esmoquin y ellas con vestidos de noche oscuros. Aquello parecía más una boda que un burdel, aunque entendió por qué había insistido tanto Amber con la indumentaria que ambas llevaban.


El recinto tenía una decoración lujosa, con sofás Chesterfield negros que contrastaban con el mármol de Carrara de las mesas y la barra. Nuevamente, las paredes estaban cubiertas de aquel terciopelo bermellón intenso. Todo allí era negro, blanco o rojo.


Un joven musculado, perfectamente depilado y ataviado sólo con un slip bruno con tachuelas metálicas se les acercó, saludó a Amber con un beso en la mano derecha y les comunicó que deberían esperar unos minutos, ya que Lienzo estaba descansando de su sesión anterior. Les entregó dos copas de Möet & Chandon Brut Imperial, lo único que se servía allí, y les acompañó a sus asientos.


“- Madre mía, Amber… !qué hombre! Espero que Lienzo esté tan bueno como éste tío.”


“- Ya te he explicado que lo bueno de Lienzo no es su apariencia, sino lo que es capaz de hacer… o dejarse hacer, mejor dicho. Tú no necesitas un polvo con un cuerpo bonito, necesitas una experiencia que te abra los ojos en cuanto a la vida. Y Lienzo consigue que tus sueños se hagan realidad. De su habitación saldrá una nueva April, una que nunca más se dejará pisar.”


“- Ojalá sea así. Esto es un mundo nuevo para mí, por mucho que me hayas contado tu experiencia con él… no me parece algo posible, es casi como fantástico, como un cuento de hadas. ¿Superar toda mi mierda personal en una sola sesión? No se… de lo que hablas es magia.”


“- No se cómo lo hace, pero lo consigue… lo he visto con mis propios ojos, yo lo he hecho con él, lo he vivido. ¿Crees que me iba a gastar 5.000 dólares en esto si no supiera que te va a hacer el bien que te he prometido?.”


“¿5.000 dólares? ¿Estás loca? Creía que esto era más barato… No puedo aceptarlo, Amber.”


“Piensa que es el regalo más grande que te puedo hacer, y actualmente me sobra el dinero, te dije que ahora me va sobradamente bien. Desde que pasé por aquí por primera vez, no he dejado de ascender en mi empresa. ¿Creías que era algo casual?. Lo que hice con Lienzo ha sido la razón de ello. Y te confieso que yo también tuve una madrina entonces, mi tía Agnes fue quien me trajo y pagó por mí. Tómatelo como un ritual de iniciación, la primera es gratis y, en el futuro, cuando tengas tus propios recursos y seas la mujer poderosa que debes ser… traerás a otra mojigata aquí a sacarse los demonios fuera.”


“- ¿Tu tía Agnes? ¿En serio? Pero si tendrá como unos 70 años, ¿no?. Nunca lo hubiera imaginado…”


“- Para que veas que esto que vas a hacer es algo muy normal. Es mas… ¿no reconoces a nadie de aquel grupito de allí?.”


“- Madre mía… ¿es esa la alcaldesa? ¿pero qué hace aquí?.”


“- Y el que está a su lado es el fiscal general. Si ellos están aquí… ¿acaso hay algún problema en que estés tú?. Mientras seas discreta con lo que veas, nadie te molestará nunca a partir de ahora, te reconocerán como una igual. Esto es la Liga de Primera División, y ahora juegas con nosotros, April.”


“- Ya sólo con esto me siento más importante.”


“- Pues espera a probar a Lienzo…”


En ese momento, el muchacho de antes les interrumpió, avisándoles de que Lienzo ya estaba preparado. April se levantó, dio un sorbo interminable a la copa hasta no dejar una sola gota, suspiró profundamente y le siguió hasta el ascensor que formaba el núcleo central de la inmensa torre del edificio. 


Al entrar, pulsó el botón superior del cuadro de control, junto al que se podía leer “Habitación de Lienzo”. Mientras se cerraban las puertas, el chico le dijo:


“- Nos veremos en el otro lado, preciosa.”


April se quedó callada mientras se ponía colorada. Menos mal que ya no podía verla, ese chico le había gustado mucho, era tan atractivo, tan… alejado de lo que creía que alguien como ella se merecía. Durante unos segundos se olvidó de donde estaba y hacia donde iba, mientras fantaseaba con ese cuerpo escultural que le había llamado preciosa hace un instante, que la había ruborizado.


Imaginó que se acercaba a él y le besaba apasionadamente, que le metía la mano dentro de su minúsculo atuendo y le susurraba al oído “te voy a dejar seco”. Este pensamiento le estremeció todo el cuerpo, pero enseguida volvió a pensar que nadie como él desearía a alguien como ella. Sí, era un empleado de aquí, por eso le había piropeado, es parte del negocio.


Volvió a la realidad cuando el ascensor se detuvo bruscamente. Las puertas se abrieron, dio unos pasos adelante y se adentró en la sala. Tanto las paredes como el techo y el suelo eran de azulejo blanco, y en el centro de la estancia había un agujero que se asemejaba a un desagüe. Al fondo había dos portones, del de la derecha salió un hombre desnudo, de baja estatura y una complexión no muy atractiva, era un hombre muy convencional.


April no pudo ocultar su decepción al verle, esperaba una fachada algo más cautivadora que la que tenía delante. Lienzo sonrió, como si se hubiera percatado de la desilusión de April y fuera algo que ya hubiera previsto, y le comentó:


“- Tranquila, supongo que ya te han contado que mi punto fuerte no es el aspecto, sino no estarías aquí ante mí en mis aposentos. Si ya has llegado hasta aquí, te animo a que cumplas tus deseos. No obstante… ¿tienes alguna duda al respecto?.”


“- Creo que no, mi amiga Amber ya me ha explicado todo, aunque sea algo extraño e irreal asegura que tú podrás quitarme de encima todo el dolor y la rabia que llevo dentro, que me desharé de ese límite que me impide progresar, que hace que mi voz no sea escuchada. Odio sentirme así, verás, es que mi marido…”


“- Eh, eh… no hace falta que me cuentes tu historia, en el fondo es igual que la de todos los que pasáis por aquí… y es algo irrelevante. No necesito un por qué, sino que te quedes vacía de miedo y aflicción. No más excusas, no más justificaciones, no más palabras. No quiero oírte, sólo quiero verte hacer. Entra en la habitación de la derecha, escoge tu juguete y vuelve aquí a jugar conmigo, hasta que mi cuerpo no pueda aguantar más. Después, márchate por donde has venido. Ése es el trato, ¿de acuerdo?.”


“Sí, claro, como tú dig…”


“Te he dicho que no más palabras, asiente con la cabeza y comencemos de una vez.”


April se calló, esbozó una mueca pícara y se apresuró dentro del cuarto de los juguetes. Tras una breve deliberación, se decidió por un bate de baseball de aluminio. Le había recordado a Jim, a esas interminables veladas viendo a sus adorados New York Yankees en la televisión, en las que ella dejaba de existir, en las que cualquier mínimo comentario suyo era reprendido por él argumentando que le estaba impidiendo disfrutar del partido. Pues ahora ella iba a disfrutar esto, cada segundo de ello…


Salió corriendo en dirección a Lienzo y le asestó un duro golpe en la parte frontal del cráneo. Éste cayó al suelo, comenzando a sangrar profusamente de la laceración que le había provocado el impacto. Miró a los ojos a April desde el piso, soltó una carcajada y le espetó:


“- Así me gusta. !No te dejes nada dentro, chica!. !Acaba conmigo!”


April comenzó a gritar, hasta que las cuerdas vocales le ardieron como si hubiera bebido ácido. Sus brazos oscilaban violentamente arriba y abajo, esgrimiendo el bate como si de un mortal pincel se tratara, plasmando con cada salpicadura de sangre los trazos que daban forma a la ira que la había estado devorando por dentro. Mientras más se denostaba la figura de Lienzo, más excitada y poderosa se sentía.


Cada vez que oía el crujido de sus huesos se sentía más y más ligera, menos y menos culpable. Dejaba de sentirse una víctima para convertirse en un verdugo. Abandonaba su condición de presa para abrazar totalmente una nueva como depredadora. Nada podría detenerla ahora.


Al cabo de lo que a ella le pareció una dulce eternidad, detuvo sus impactos y lanzó el bate lejos de ella. Se tumbó junto al cadáver de Lienzo, abrazándolo, llenándose el vestido de sangre.


“- Gracias… Muchas gracias.” 


Y, entre lágrimas de felicidad, se levantó y se marchó por el ascensor por el que vino. Cuando llegó a la planta baja, sonó un aviso por la megafonía del local.


“- Den la bienvenida a una nueva miembro al Club. Felicidades, April.”.


Todo el mundo se puso en pié, alabando la valentía que había mostrado al dejar suelta su parte más animal. Lo había hecho, como todos los demás allí presentes. Había acabado con la vida de otro, le había aplastado como si de un insecto se tratara. Y lo mejor de todo, nadie podría acusarle de homicidio, ya que todo era perfectamente legal.


En su mirada se cruzó el muchacho musculoso, y sin pensarlo dos veces se acercó a él, le besó apasionadamente, le metió la mano en su minúsculo atuendo y le susurró al oído “te voy a dejar seco”. Le agarró bruscamente del brazo y se fueron a uno de los cuartos reservados para el sexo libre y salvaje de los tantos que albergaba el establecimiento. Tenía un montón de nuevos sentimientos que celebrar.


Mientras tanto, en el cuarto de blancos azulejos, Rosita, la limpiadora del turno de noche, pasaba la manguera para quitar las manchas de sangre. El amasijo de carne, plasma y hueso que se encontraba a sus pies comenzó a moverse lentamente entre chasquidos, recuperando paulatinamente la forma humana que tuvo antes de la tremenda paliza que recibió.


Gemía de agonía al principio, para ir poco a poco recuperando la nitidez en sus palabras, expresando con blasfemias la tortura que suponía el proceso de regeneración. Cuando hubo completado la recuperación, se puso de pie delante de Rosita con los brazos extendidos.


“- Anda, Rosita, límpiame con la manguera de un momento, que tengo otra sesión en quince minutos.”


“- De verdad… sigo sin entender qué coño haces con tu vida. Mírate, podrías estar haciendo cualquier cosa… salvando al mundo. Eres inquebrantable, eres inmortal… ¿por qué malgastas tu don aquí?


“- Pues lo mismo que haces tú… es dinero fácil y rápido. Claro que podría ser un héroe, pero aquí cobro 1.500 dólares por sesión. Los buenos son pobres, y yo no quiero serlo. Mis vicios son caros, y prefiero poder pagarles a no poder permitírmelos. Puede que no tenga una vida honorable… pero el honor ni te alimenta, ni te viste, ni se esnifa.”


“- No, si tienes razón… pero si fueras mi hijo, me avergonzarías.”



“- Pues quédate a la siguiente sesión y tal vez cambies de opinión. La siguiente que tiene reserva es mi madre, podrás preguntarle qué piensa de esto.”




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jueves, 3 de marzo de 2016

All Women Are *itches



Las luces de la sala de conciertos se apagaron, y los rostros de los asistentes cambiaron rápidamente de la impaciencia a la máxima expectación. 


Iba a dar comienzo el show.


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Fuera del auditorio, una multitud se agolpaba frente a sus puertas, las cuales estaban cerradas a cal y canto. La turbación había ido aumentando progresivamente, llegando a su punto álgido cuando apareció la policía para contener a toda esa masa social enfurecida.


El espectáculo, que había sido promocionado como “sólo para machos, sólo para alfas”, había conseguido irritar a tantas personas que se hizo necesaria la ayuda policial para evitar que la crispación mutara en una revuelta violenta llena de heridos y destrozos en el mobiliario urbano. Ahora, un muro infranqueable de imponentes agentes del orden separaban a la muchedumbre del acceso a las instalaciones.


Todas las manifestantes femeninas estaban indignadas con lo que consideraban un paso atrás en la igualdad sexual. El grupo que tocaría esa noche se anunciaba como “All Women Are Bitches”, y para ellas ya sólo con un nombre tan ofensivo tenían un motivo para protestar. Pero el hecho de saber que todas las integrantes de dicha banda fueran mujeres como ellas… les causaba una decepción aún mayor. El veto a su género en sí era una minucia comparado con eso.


Unos cuantos varones protestaban porque no se les permitía asistir al evento y no sabían por qué. Al ir a comprar la entrada, la taquillera les había dicho “tú no puedes entrar, no eres lo suficientemente… macho”, y sin posibilidad para la réplica, habían tenido que marcharse. Ahora se sentían menospreciados, ya que entendían que un hombre no tiene porque ser rudo y dominante para ser considerado como tal. ¿Quiénes eran esas artistas musicales como para valorar su hombría sin ni siquiera conocerles?


Ellas y ellos se lo preguntaban. Habían buscado en Internet información sobre dichas “All Women Are Bitches” y no había aparecido nada. No tenían presencia en las redes sociales, no había constancia de su gira de conciertos, ni discos grabados… nada. Ni el más mínimo murmullo virtual. 


Pasada la hora y media, la paciencia de todos se terminó. Se desplazaron como una avalancha hacia la entrada, fagocitando a los agentes que, aterrados, decidieron no hacer absolutamente nada por impedírselo. Rompieron las cerraduras y se adentraron en las instalaciones, donde descubrieron la verdadera identidad de la banda…


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Una secuencia de voces invertidas comenzó a sonar en los altavoces del recinto. Unos focos rojos, naranjas y amarillos iluminaron el escenario, el cual estaba separado del público por medio de una alambrada que se interponía entre ambos. 


El suelo estaba cubierto de plumas manchadas de sangre, las paredes estaban adornadas con pintura fosforescente, llenas de símbolos extraños y frases escritas en un lenguaje desconocido.


Sobre la batería y los amplificadores de guitarra y bajo había depositadas varias calaveras humanas, con severos traumatismos sobre la superficie de todas ellas. El pie de micrófono simulaba un peculiar púlpito, formado por una base de columnas vertebrales y dos estructuras a los lados que imitaban unas alas hechas con varios fémures y decenas de costillas.


Cuatro figuras femeninas vestidas con largas túnicas blancas salieron a escena, todas ellas con las caras decoradas como la Catrina. Cogieron sus instrumentos y comenzaron a tocar una melodía tétrica de tempo lento, armonías inquietantes y sabor melódico a azufre. 


Tras unos cuantos compases, otra mujer más se acercó hasta el centro, situándose de espaldas al público. Lo que la diferenciaba de las demás era el color de su túnica, que era negra y tenía estampada una W roja dentro de un pentáculo blanco.


La audiencia cuchicheó entre ella… no tenían muy claro si esto era lo que habían venido a ver. Algunas voces se alzaron rememorando algunas citas de los grandes pensadores de nuestra Historia, como “queremos ver tetas de una vez”, “que salgan las zorras” o “si necesitas cantar, aquí tienes mi polla”. Pero todos callaron cuando ella se despojó de su oscuro atuendo, mostrando desnudo su cuerpo de ébano milimétricamente esculpido y, acercándose al micrófono, gritó:


- “Cerrad el pico, marionetas!”.


Ninguno de ellos podía abrir la boca. Se miraron los unos a los otros presos de la incredulidad y el terror, con su propia voluntad de movimiento paralizada.


- “Somos “All Woman Are Witches”… ¿sorprendidos del cambio de programación, cerdos?. Somos un aquelarre que se dedica a eliminar personajes como vosotros. Queremos otro mundo y tenemos el poder para conseguirlo. Ahora, mataros entre vosotros, !no podéis sobrevivir ninguno!”.


En ese mismo instante, la música se volvió apocalíptica y vertiginosa, con las cuatro instrumentistas contorneándose violentamente como si sufrieran convulsiones mientras la cantante emitía unos guturales desgarradores, resultando tan dolorosos para los presentes como una violación eterna.


La congregación comenzó a agredirse, golpeándose entre ellos con las sillas y mesas del establecimiento, destrozándose los cráneos a puñetazos, rajando sus cuerpos con vasos y botellas rotas. Una coreografía sangrienta de la que nadie puede escapar, un baile mortal que acaba cuando el último hombre en pie se desploma.


La música se detiene y se hace el silencio. Recogen sus instrumentos y salen del local por la puerta de atrás en apenas quince minutos. Se suben a su furgoneta y marchan hacia otro lugar, una nueva ciudad llena de machos involucionados a los que poder impresionar con su macabra performance.



El show debe continuar.





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miércoles, 24 de febrero de 2016

Síndrome del Cangrejo



Hay dos formas de andar: de frente y de espaldas. 


Dentro del desplazamiento físico, la totalidad de las personas transitan frontalmente. En cambio, en el desplazamiento vital y emocional, nos encontraremos a menudo con lo que podríamos denominar "Síndrome del Cangrejo”.


Los individuos que lo padecen son los que hacen suya la expresión "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". La forma que tienen de afrontar su futuro es mirar incesantemente al pasado, resultando su presente un ciclo nocivo, anclándose en la obsesión y la compulsión. 


La obsesión con volver a tener una oportunidad para redimirse, la compulsión de creer que el método a utilizar para conseguir sus metas debe ser el mismo que utilizaron anteriormente. 


O aún peor: no querrán luchar en una nueva batalla (ya que en todas las anteriores perecieron), y no iniciarán un nuevo ciclo nunca mas. Los antiguos fracasos retroalimentarán este sistema interno del “todo o nada” en algún momento del proceso, y acabarán errando de nuevo.


Y esto se debe a que no logran evitar apartar sus ojos de lo ya acontecido, de lo que irremediablemente fue y nunca podrá ser de otra forma. 


No son capaces de tatuarse en su mente nuevos dogmas, objetivos o normas de conducta que provoquen un punto de inflexión en sus vidas. Que los lleven a evolucionar, a un nuevo plano espiritual.


Uno de los mejores momentos que tienen para ello es cuando mas derrotados se sienten, cuando todo ha perdido su color natural y se ha transformado en una escala de grises total. Ese instante en el que se ven forzados a tomar una decisión, esa inyección repentina de stress que se produce al situarse al borde de un abismo.


Pueden ayudarse de la bioquímica de nuestro organismo para lograrlo. La liberación súbita de cortisol y adrenalina, los cuales se producen durante y después de una experiencia altamente emocional, hace que la información se fije en nuestro cerebro con mayor eficacia. 


Un ejemplo universal para ilustrar dicho efecto es el siguiente: si tratamos de recordar qué hacíamos o dónde nos encontrábamos el 11 de Septiembre del 2001 o el 11 de Marzo de 2004, es muy probable que sepamos responder con una precisión absoluta y con gran lujo de detalles. Pero si tratamos de evocarlo situándonos tres días antes, no tendremos más que una nube de incertidumbre.


Y si formuláramos las mismas preguntas en contextos temporales de carácter personal, fechas clave en nuestra historia individual, dispondríamos de la misma seguridad en nuestra respuesta. La narración sería vívida, lúcida y convincente.


Conociendo este hecho deducimos que el mejor momento para decidir romper ese círculo vicioso, cuando mas valentía somos capaces de desarrollar de una manera natural para hacer frente a esa espiral autodestructiva... es cuando nos hayamos acorralados y en peligro. 


Se corre más rápido, se muerde con mayor presión, se golpea con más violencia. 


Si, en cambio, dejamos pasar el tiempo sin dilucidar el rumbo más adecuado para nuestro devenir, con mucha facilidad continuaremos con una inercia remota. Elegiremos de nuevo aquellas malas decisiones que fueron tomadas durante una etapa diferente, con otro contexto y otros intérpretes.


Y no hay juicio más injusto que aquel en el que se sentencia sin examinar la singularidad del suceso acaecido.


El problema está en que, cuando se nos presenta esta ocasión, solemos optar por la opción mas rápida y práctica. Y, normalmente, es aquella que más daño nos va a infligir. Nos suele dominar más la prisa que la coherencia o incluso el instinto.


No valoramos tanto como deberíamos esta forma de inteligencia abstracta. Somos tan inmensamente orgullosos y carentes de humildad que pensamos que nuestra parte consciente es la única que proporciona soluciones a todo… pero no es así. El consciente es una minoría frente al inconsciente, la punta del iceberg.


De ahí que con la ayuda de la razón consciente podemos plantear múltiples alternativas, un análisis detallado de aquello que podría suceder tras una decisión determinada. El resultado será una respuesta “lógica” en concreto por puro valor estadístico.


Pero no somos máquinas, somos seres con alma, que tienen la capacidad de reír y llorar. Y esa parte emocional, mucho más visceral y profunda, escondida dentro de un baúl sin llave, sólo se abre paso de forma repentina. Son fogonazos que simplemente se sienten, sirviendo de brújula para el espíritu con una mayor efectividad que la analítica exagerada.


Luego… si tu instinto sugiere llevarte hacia un lugar definido, ten en cuenta su mensaje tanto o más que a los de tu intelecto. 


Porque la probabilidad es una ciencia inexacta siempre que hay un humano de por medio… o dos…


Abraza el futuro, ya que lo que quedó detrás de ti ya no vale nada.



NO ANDES DE ESPALDAS.




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jueves, 18 de febrero de 2016

Cuento del Corazón de Reemplazo


Entre la niebla densa, que apenas dejaba divisar el trayecto de aquella tortuosa carretera, tumbada en el arcén y cubierta por la escarcha que dejaba el rocío en esa eterna noche de helada… se encontraba Ella.


Él transitaba por dicha travesía, en busca de un emplazamiento al que poder llamar hogar. Portaba una mochila gigantesca que contrastaba drásticamente con su estatura y peso, pero su actitud corporal no reflejaba el cansancio que sí evidenciaba su triste mirada. 


Nada más divisar la escena, dejó su equipaje sobre el pavimento y acudió raudo a investigar qué le había sucedido. Sus brazos presentaban hematomas manuales y abrasiones, y en el centro del pecho había un orificio del tamaño de un puño.


Sin mediar palabra alguna, ella se incorporó y le miró directamente a los ojos. De forma sutil, aproximó sus dedos tímidos y gráciles hacia su cutis. Al contactar, éste le narró su historia a través de sus yemas, como si el roce hubiera activado un torrente de recuerdos compartidos dentro de sus cabezas.


Su piel era un entramado de cicatrices, como si toda su existencia hubiera consistido en encontrar la orilla fuera del océano de alambre de espino en el que había naufragado tiempo atrás. Todas esas marcas formaban una antología del dolor, con tantos volúmenes como líneas contenía.


A pesar de la contrastable fragilidad natural de su epidermis, su dermis se componía de una peculiar mezcla orgánica de colágeno y kevlar. Su pellejo no podía ser atravesado por arma alguna, sólo erosionado. Ella mostró sorpresa en su cara, como quien descubre un truco de magia alucinante que te deja sin aliento. Pensó que, con aquella habilidad, no le hubieran horadado el torso.


Él, al percibir ese deseo en ella, le explicó que no nació así, que era una destreza adquirida. Simplemente un día decidió no acobardarse ante el miedo y combatirle cuerpo a cuerpo. Tras cada batalla, su cuero era recompensado con una mayor fortaleza por dicha gesta. Le declaró que, si él pudo aprender, ella también. 


A veces nos asustamos de lo que menos daño puede hacernos.


Al depositar las palmas sobre su tórax, percibió su esqueleto con la apariencia de una pequeña jaula de barrotes tan duros y flexibles como el titanio. Le relató que había sido creada por un par de maestros herreros que vivían en su interior: 


Uno era nihilista y autodestructivo, poseedor de una habilidad extraordinaria para elevar drásticamente la temperatura interna. Su único objetivo era tratar de descubrir el límite térmico de fusión de aquella estructura costal, utilizando su alma como combustible en una violenta explosión, sirviéndose del azar como acelerante y la vida de otro como detonador. 


Defendía que, en la muerte, recordamos los momentos más abrasadores y lamentamos aquellos en los que temimos quemarnos.


El otro era vitalista y creativo, vivía sumergido en el trance onírico que le inducía una potente droga, obtenida al destilar en el matraz del tiempo una disolución de bienestar y confianza. Lograba ver la singularidad de cada temple y aplicaba un método único cada vez, nunca repetía el mismo proceso. 


Argumentaba que, en la vida, no hay ningún suceso idéntico a otro y todo depende del contexto.


De pronto, ella se tambaleó. Él, con extremo cuidado, la sentó y procedió a observar dentro de su hendidura. No había hemorragias, pero allí faltaba su corazón. Su rictus estaba invadido por la aflicción y la desesperanza, y él… sólo pensó en una solución posible.


Hendió sus propias manos en su abdomen, sorteando la inmensa resistencia de la piel con relativa facilidad al identificarse como tejido propio, y siguió la única trayectoria posible evitando su metálico armazón costal. No gritó, aunque dejaba patente en sus gestos el tormento del procedimiento. Era su deber intentar su salvamento.


Cuando llegó a agarrar su víscera cardiaca, tiró de ella hacia afuera con contundencia. Se lo entregó, depositándolo entre sus pulmones a través de la abertura. Al instante, ella sintió una descarga de potencia sin límite. Percibía el entorno libre de condensación, su agudeza visual se había disparado a tal punto que la oscuridad nocturna había tornado en luminosidad diurna.


Se sentía viva de nuevo, colmada de energía que anhelaba utilizar. Una sonrisa repleta de honestidad saturaba su tez y sus movimientos comenzaron a exaltarse. Él se tendió en el suelo, extenuado ante su magno esfuerzo. A ella le pareció un misterio como conseguía sobrevivir, así que se acostó junto a él, acurrucándose mediante un abrazo, y le preguntó:


“- ¿Cómo es esto posible?”


Él le respondió, en un tono plenamente alegre:


“- Puedo vivir sin un corazón mientras esté cerca del que yo te he prestado. Ahí, latiendo dentro de ti, está confiada mi esperanza. Mientras no sufras de nuevo, ambos saldremos de ésta.”


En aquel instante, un automóvil se detuvo frente a los dos. Un rostro borroso asomó por la ventanilla y espetó: 


“- Eh, guapísima… ¿quieres pasar un buen rato?. Veo que tienes un corazón nuevo a estrenar… ”. 


Ella se levantó del asfalto, agachó la cabeza y se montó en el coche. Sin mirar atrás.



Y allí, entre la niebla densa, que apenas dejaba divisar el trayecto de aquella tortuosa carretera, tumbado en el arcén y siendo cubierto por la escarcha que dejaba el rocío en esa eterna noche de helada… le encontraron a Él.




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