viernes, 27 de febrero de 2015

Nosotros Seremos Un Mejor Dios

Otro monótono y vertiginoso día llegaba a su fin en la Tierra. La luz en las ciudades iba volviéndose mas tenue, consecuencia del cíclico exilio al que la Noche somete al Sol. Sus habitantes, ensimismados en sus quehaceres, exhibían rostros apáticos mientras deambulaban al compás tiránico del reloj, ese villano al que nunca se consigue satisfacer.



De repente, cada móvil comenzó a vibrar. Cuando consultaron sus pantallas, vieron que una emisión en directo interceptaba sus dispositivos. En ella podían ver a un sonriente hombre de mediana edad con bata blanca, en cuya solapa tenía bordado a mano “Dr. Sayid Ahbediah”.



El rictus de la población cambió aunque nadie conocía a aquel Doctor, era un sujeto anónimo para ellos. Las cejas se arquearon expectantes, las caras comenzaron a rebosar gozo, los corazones aceleraron su bombeo. Sentían dentro de sí que tenía algo importante que contarles, instintivamente algo les hacía confiar en él.



!Hermanos... La Guerra Silenciosa ha acabado!” exclamó, colmándoles de alivio a todos... aunque ninguno hubiera oído hablar de dicha Cruzada nunca.



Nuestros enemigos han sido neutralizados, junto a sus falsas creencias. No importó donde pudieran esconderse, porque nunca llegaron a visualizar nuestras verdaderas intenciones. Ahora ya no mandan aquí. De hecho, ahora ellos dependen de nosotros, no tienen otra elección.”



Uno a uno engañamos a sus líderes, que financiaron nuestra lucha mientras usábamos dichos recursos contra ellos mismos. Porque si te enfrentas a un enemigo, debes acabar con él o sumarle a tu causa. O simplemente usarle como a una marioneta hasta que te aburras.”



Fuimos como fantasmas, camuflados entre ellos, una amenaza invisible. Tan obsesionados estaban con saciar su ego que ha resultado tan fácil como robar a un niño ciego, sordo y tonto, ¿verdad?” preguntó con sarcasmo a sus espectadores.



Un “!Ja! !Ja! !Ja!” retumbó en cada rincón del planeta. Siete mil millones de humanos, con rostros alegremente congelados y con la mirada pegada a la pantalla, reían tres veces mecánicamente sincronizados entre sí.



Cuando parasité al Doctor Sayid por accidente todo cambió. Fue nuestro golpe de suerte evolutivo, cualquier especie lo necesita para ascender a lo mas alto. Entrar en el organismo de un virólogo genialmente talentoso y controlar sus capacidades cerebrales, al igual que su voluntad, nos dio acceso a la Inteligencia. Ya sólo faltaba la Estrategia, nuestra especialidad”.



Experimentando con nuestros ancestros, la más novedosa cepa de H1N1 y el Toxoplasma Gondii, creó algo único, el Toxoplasma Gripal Zooantroponóico... !A nosotros, Hermanos!. Con la máxima capacidad de transmisión, el contagio a cualquier especie animal y la habilidad de manipulación mental sin apenas sintomatología clínica que llame la atención. Aun así, quien no se contagió por el aire, lo hizo a través de falsas vacunas masivas.”



Hemos demostrado que cualquiera, sea cual sea su propósito, tamaño o rol en esta inmensa Esfera Azul, puede evolucionar hasta la cima. El reino animal podía subestimar a la raza humana, pero se alzaron en la pirámide alimenticia. Durante miles de años han agarrado el timón del planeta, y casi acaban con él”.



!Ahora es tiempo de Paz y Esperanza! !Nosotros somos los arquitectos que la Naturaleza necesita, viviremos dentro del resto de criaturas! !Pero todos los humanos... deben morir! !Ahora mismo! !Desconectadles! !NOSOTROS SEREMOS UN MEJOR DIOS!” gritó el Doctor, mientras alzaba sus puños mirando hacia el cielo, lleno de ira.



Acto seguido, simplemente se desplomó inerte, en perfecta sincronía con su audiencia. Estos yacían inanimados en el suelo, con sus dispositivos móviles aún encendidos en sus manos sin vida, con las pantallas emitiendo un intenso brillo. Siete mil millones de luces, una por cada alma humana apagada.





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viernes, 13 de febrero de 2015

miércoles, 11 de febrero de 2015

Is on sedneitne ogla, elad al atleuv


Uno de los mayores consejos que puedo regalar a quien quiera recibir uno es, sin duda, el título de este ensayo. Is on sedneitne ogla, elad al atleuv. Puede parecer una tomadura de pelo, pero no os dejéis llevar por la primera impresión que os produzca.



De hecho esta oración es, en sí misma, una enseñanza y su ejemplificación, la moraleja convertida en metáfora. Cumple lo que promete de una manera rotunda y permite obtener recompensas de cualquier elemento discordante con el que os topéis.



La mente tiende a ser práctica, y por ello crea patrones y modelos para no tener que andar constantemente analizando cualquier cuestión. Así se permite un desarrollo secuencial del pensamiento en el que todo siga el guión establecido y nada altere la apariencia inquebrantable de nuestra estructura cerebral. Porque, en apariencia, las cosas son simples, sólo hay una respuesta posible a una pregunta y nada es relativo, ¿no?. Todo es susceptible de ser protocolizado.



Incluso, es mas, aunque dicho procedimiento mental saque a la luz ciertas incongruencias o anomalías en el sistema, el método apenas se varía, al considerar aceptable el nivel de dividendos aceptable. Conservamos lo inalterable como virtud y simplificamos la vida en arquetipos que sirven de molde a lo que todos deberíamos aspirar. Es Convergencia.



Se “tu mismo”, pero que “tu mismo” se parezca a “eso que aceptamos”. Ese es el Dogma Convergente.



Lo curioso es que, de vez en cuando, colisionamos frontalmente con lo experimentado hasta ese mismo instante de nuestras vidas. Utilizamos las mismas herramientas que nos sirvieron hasta entonces, asumiendo que si entonces fueron efectivas, ahora también lo serán. Cuando no resulta así, y ninguna de ellas vale, parece que es una problema sin solución, produciendo desesperanza y resignación. Hemos de descifrar un mensaje encriptado con una clave que ignoramos.



Tenemos un conflicto.



Un ejemplo es que existe la tendencia de presentar un desacuerdo como una competición, como un combate a muerte entre dos contrincantes, donde se aceptará todo aquello que él vencedor tenga que decir. Aunque algunas de sus premisas sean incorrectas o incompletas.



En cualquier enfrentamiento, ambas personas tienen razón y ambas se equivocan. Al establecer únicamente uno de los polos como certeza, perdemos todo lo cierto que se puede extraer de su contrario, incluso también todo lo malo a tener en cuenta.



Es en la mezcla, en el análisis como una sola entidad, donde hallaremos el Todo, las mas elevadas “soluciones”.



Si no sabes responder a algo, siempre puedes cambiar la pregunta. Si no ves desde un punto concreto, puedes desplazarte hacia el otro lado y observar lo dispar. Aprender a amarlo.



Todo es susceptible de ser invertido.



Es mas relevante la perspectiva desde la que formulas una pregunta que la propia respuesta, ya que dicha respuesta puede acabar siendo una simple cuestión técnica (que puede obtenerse a través de lo ya conocido) o experimental (que debe ser descubierto en base al ensayo/error).



Cómo formules un problema conlleva una determinada solución, y cuantas mas presentaciones diferentes concibas, obtendrás un número superlativo de soluciones. Se logra entonces una amplia gama de elección disponible ante nuestro conflicto. Se descubren nuevos caminos, nuevas tomas de conciencia para las cuestiones de siempre desde otro ángulo novedoso. Creas un avance en lo que ya conocemos. Inventas otro futuro.



Es como si, cuando piensas en ti, te concibes como la materia que te contiene, la sombra que proyecta, la energía que engendra y consume, y la vida que perdura en otros “yo” que no son “tu”. Es ver toda la Existencia en ti, es diluirse en el Todo. Es Divergencia.



Nada te ata a nada.


Si no entiendes a los demás, trata de entenderte a ti.


Si al mirarte en un espejo no apruebas su reflejo, modifica tu apariencia o deja de usarles.


Tus guías pueden ser héroes a imitar o villanos a contradecir.


Se o deja de ser. Se y deja de ser.


Is on sedneitne ogla, elad al atleuv. Si no entiendes algo, dale la vuelta.





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miércoles, 4 de febrero de 2015

Cuento del Bosque Intimidante y la Madriguera Interminable

Esa noche Odeim Romet no podía dormir. Y no era la primera vez, se había convertido en algo habitual desde hacía varios días. Resultaba curioso que así fuera, ya que todos sus sueños iban a hacerse realidad mañana. Y no era desconfianza por no haber llegado aún dicho momento, ni siquiera esas cosquillas de impaciencia que nos recorren el interior ante las puertas de la felicidad. La emoción que le mantenía en vigilia le era conocida, pero nunca había llegado a ser tan enorme ni tan amenazante como ahora, como en ese mismo instante. Era puro y genuino Terror.



En pocas horas, contraería matrimonio con Laedi Etreus, su novia desde la mas temprana adolescencia. Alguien a quien conocía perfectamente, hasta el mas mínimo resquicio de su personalidad le resultaba familiar. Tan adaptados estaban que apenas recordaba un par de riñas en su extensa relación de años, y en ambas simplemente tenían puntos de vista diferentes que, tras unas horas separados, a los dos les parecieron nimiedades. Era tan perfecta que ahora, cuando iba a dar el paso definitivo con ella, creía que no le esperaría nada mas que “un día normal repetido hasta el infinito”.



Además con el enlace obtendría como regalo de bodas paterno la propiedad total del negocio de los Romet, la única clínica odontológica del lugar. Hacía ya varios años que ejercía al lado de su padre, del que siguió ejemplo hasta llegar exactamente a mañana, cuando recogería el testigo para que su padre se jubilara y pudiera, al fin, dedicarse a viajar. Ahora sería él el único encargado de la Salud Dental de todo el pueblo, algo que ya hizo durante casi media vida. Imaginaba que, cada vez que viera una nueva boca abierta frente a él a partir de entonces, se sentiría como en medio de una cadena de montaje a pesar de ser ahora su propio jefe.



Pensaba que una vida monótona como se le estaba presentando ésta era menos vida. Que si tenía tanto miedo era una certeza de que moriría poco a poco si cruzaba esta línea, que debía ser un signo claro de peligro... porque es estúpido temerle a la felicidad, ¿no? Claro, no podía ser eso. Tenía que ser una llamada de atención, eso sí podía ser. Este pánico le estaba pidiendo que sobreviviera, aquí sólo hallaría su declive, debía dejarse llevar hacia otra parte... cualquiera que no fuera esta.



Y entonces, tras llegar a esa conclusión, se levantó de la cama de un salto, se vistió apresuradamente y huyó por la ventana, adentrándose a la máxima velocidad que le permitieron sus piernas en el inmenso bosque que limitaba con su hogar. Sin mirar atrás, sin vacilar mientras tuviera encima esa sensación angustiante dentro.



Cuando la falta de oxígeno y eficiencia muscular le detuvo, no era consciente de cuanto había estado corriendo ni la dirección que había tomado. A pesar de sentirse cada vez mas desorientado y confuso, en ocasiones le venía un tenue recuerdo de su dilema, el pavor volvía a acariciarle y comenzaba de nuevo a correr, sin pensar en nada mas que en dirigirse hacia donde no se sintiera así. Tenía que sobrevivir, y aquí aún no se sentía seguro. No había todavía la suficiente distancia entre su problema y él.



El bosque se había hecho mas denso, tanto que apenas se podía vislumbrar el cielo entre las innumerables ramas que se entrelazaban entre sí, tejiendo una especie de cúpula orgánica que no dejaba pasar la luz, permaneciendo el interior en una penumbra constante. Era ya tan lejano el recuerdo de cuando se había adentrado en él, que el tiempo ya no importaba, ya ni existía. Tan lejano que tampoco podía acordarse ni de quien era ni de donde había partido. Ni siquiera sabía hacia donde se dirigía. Su existencia resultaba en ese momento muy similar a la de un fantasma.



Mientras vagaba entre las sombras, reptando entre el musgo y las hojas secas que se acumulaban en el suelo, volvió a percibir de nuevo la fría mano del Horror. Se detuvo silencioso y usó sus sentidos para tratar de averiguar que peligros le acechaban. Estaba convencido de que aquel lugar le mostraría su cara mas atroz y debía evitar ser descubierto.



Al instante, todo el bosque al unísono comenzó a interpretar una compleja sinfonía inquietante, como la que precedería a la mas desgarradora de las muertes. Un Réquiem compuesto expresamente para él. Los búhos ululaban al compás que marcaba el crepitar de la madera, los lobos aullaban en armonía con las ramas y sus sibilantes hojas meciéndose bajo el viento.



Hasta podía llegar a oír a las arañas susurrar. Imaginaba cientos de ellas escondidas entre los árboles, tejiendo una red casi imperceptible en la que quedaría atrapado tratando de huir del destino aciago que este ecosistema hostil anhelaba para él. Todos ellos unidos, conspirando contra su vida. Todos ellos le querían como alimento.



Se sentía envuelto por la amenaza, no había ninguna vía de escape posible al estar rodeado por un muro de ojos brillantes, de figuras amorfas que se fundían con la oscuridad reinante, otra cómplice mas de esa tenebrosa familia forestal. Rodeado y paralizado. Sólo quedaba huir hacia abajo, adonde se deslizan las raíces de los árboles para obtener sus nutrientes. Así que, con un ritmo diligente y desesperado, comenzó a excavar.



Lo que en principio era una simple hondonada en la tierra, pronto se convirtió en un cubil. Mas tarde, en una extensa madriguera de pasadizos estrechos donde la única dirección posible era avanzar lo mas lejos posible de aquel bosque intimidante. Quien sabe, igual hasta aparecería en el otro extremo del mundo.



En ocasiones, la ruta se volvía tan angosta que tenía que desplazarse lentamente a través de un agujero ínfimo, conteniendo la respiración porque con el pecho distendido no podía atravesarlo. Evitaba aumentar el nivel de pánico sublimando la idea de que podía quedarse atascado... Atascado en medio de él mismo.



Solía lograr pasar continuaba su incesante perforación, pero en otras ocasiones su pesadilla se hacía real y se quedaba allí, atorado, sin poder expandir sus pulmones y gritar. Y, simplemente... se desvanecía. Al despertar, su cerebro volvía a pensar en excavar y retomaba su ya única tarea en su ya simple existencia.



Si se topaba con la mas inquebrantable de las rocas en medio de su trayectoria, lejos de cambiar su rumbo, arremetía con sus manos como si fueran a disolver la roca. Cegado por la frustración, se quebraba dedos y uñas contra la piedra, sumando daños a la continua erosión que la tierra húmeda le estaba produciendo en toda la piel. Acababa aceptando que no se doblegaría a su voluntad cuando no le quedaban mas falanges por fracturarse. Emitía un apagado sollozo y, esta vez sí, variaba su devenir.



La madriguera se había convertido para Odeim en un laberíntico infierno subterráneo, una sepultura en vida. Era ya tan lejano el recuerdo de cuando se había introducido en ella, que el tiempo nuevamente no importaba, no existía. Tan lejano que sus sentidos habían perdido sus funciones, su cuerpo era una masa deforme y su cerebro únicamente generaba el impulso de arrastrarse. Un genuino y monstruoso gusano humano.



El miedo puede no matarte y aun así arrebatarte la vida.





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